¿El fin de la crítica?
2 Agosto, 2007
Ricardo AMASTÉ, 31-VII-2007
De un tiempo a esta parte, noto que el expresar opiniones o juicios críticos, es un ejercicio en vías de extinción. En muchos casos, cuando se da, es simplemente a modo de chisme o chascarrillo malicioso. Han dejado de proliferar los siempre pintorescos berrinches incontrolados y los que se dan, incluso nos parecen tremendamente anacrónicos. Tampoco existen espacios específicos de referencia que den soporte al “juego” de la crítica; todo se ha atomizado en el personalismo del blog o se ha difuminado hasta confundir la crítica con la mera descripción razonada.
Intento entenderlo y pienso, que quizá hemos decidido opinar y criticar dentro de círculos de confianza (desde la “opinión pública” a la “opinión en privado”), ya sea por no perturbar el tenso clima de corrección política, porque no deseamos desvelar completamente “nuestras cartas” o porque simplemente, preferimos utilizar otras estrategias de trabajo y de generar opinión, más sofisticadas que “el decir lo que se piensa para que los demás lo sepan” -algo que a día de hoy, la mayoría de las veces, si llega a tener algún tipo de efecto, es el de poner en alerta los protocolos de respuesta de quien recibe esa crítica-.
Podría parecer que de una vez por todas ha triunfado el consenso, que se impone la autocensura –por miedo a las distintas formas de represalias- o que nuestro creciente nivel maquiavélico y nuestra total inmersión en el Sistema de Mercado, nos han hecho conscientes del “valor” de la crítica y no estamos dispuestos a formularla “a cambio de nada”, para que sea utilizada o instrumentalizada por “el otro”.
También podría ser que esta actitud sólo sea el reflejo del creciente hartazgo –y la apatía que genera-, de la perdida del deseo o de una total falta de ilusión sobre la capacidad transformadora de la opinión propia. Ni siquiera merece la pena ocultar “nuestra baza”, porque parece inevitable pensar que “la partida” ya está perdida o que alguien la está jugando por nosotros. Así que, para qué guardarnos un as en la manga o empezar una pelea en el saloon, cuando bastante tenemos con las micropolíticas de un solitario o como mucho, un mus sin faroles.
Esto lo vivimos diariamente en nuestra vida cotidiana y se da en numerosos aspectos sociales, culturales o políticos. Así que debería estar acostumbrado. Pero, en las últimas semanas, una desasosegante sensación sobre esta cuestión, “el fin de la crítica”, se me ha acrecentado por algo quizá un tanto banal (en comparación con otros temas de los que en Euskadi no se habla) pero para mi significativo, dentro del universo del Mundo del Arte en el que estoy inmerso (qué le vamos a hacer!), como es la exposición-estudio-cartografía Incógnitas en el Museo Guggenheim.
Acudí a la inauguración esperando que pasase “algo” (no se qué), si no allí mismo, si en un plazo razonable de tiempo. El proyecto, fruto de una apresurada petición del Museo Guggenheim Bilbao al artista Juan Luis Moraza, surgió con los objetivos de: poner el “toque autóctono” a la “celebración” del décimo aniversario del Museo y establecer un marco contextual previo a otra exposición de “artistas vascos” que se inaugurará en octubre, bajo la dirección de la comisaria estrella Rosa Martínez.
Del mismo modo que Rosa Martínez, probablemente sea la persona “ideal” para realizar ese encargo desde la perspectiva ultramoderada a la par que fastuosa del Museo, Juan Luis Moraza es uno de los pocos posibles, legitimado desde el consenso (por su papel protagonista en la propia historia, su capacidad de mediación y trabajo, su versatilidad y por atesorar el respeto de los distintos sectores de la comunidad artística- algo que no se da en muchos más casos-), para realizar el “encargo envenenado” que el Museo puso en sus manos. O que él se autoimpuso (no debemos atribuir el mérito sobre el resultado final que ahora puede verse en sus salas a una institución como el Guggenheim, que en sus diez años de historia, nunca se ha mostrado permeable e implicada con el contexto local, como “parece” querer estarlo ahora), ya que lo que el Museo pidió en primera instancia, tan sólo era una exposición colectiva, que a través de la colección de artistas vascos que posee el propio Museo, diversificase aun más “desde la historia reciente” la perspectiva ecléctica, formalista y apolítica “de lo qué es el arte vasco” o “en Euskadi”, que parece formulará Rosa Martínez en su exposición.
En sus manos, el proyecto se transformo en un “dispositivo moraziano” que, utilizando muchos de los recursos metodológicos y/o estilísticos presentes habitualmente en su trabajo y en gran medida a través de los datos recopilados gracias a un cuestionario enviado de un modo viral a la comunidad artística vasca, trata de presentar una serie de cartografías, esquemas y recorridos sobre el “arte vasco contemporáneo”. Un recorrido, con Aranzazu como elemento fundacional, desde Oteiza y/o Chillida hasta nuestros días, a través de cuatro generaciones, dibujando además un marco social, cultural y político, local y global, que trata de contextualizar espacial y temporalmente lo “propiamente artístico”.
Recordé las pequeñas polémicas que suelen levantar los Gure Artea (cada vez menos) o la repercusión, de distinto tipo, que en los últimos años han tenido textos sobre “el arte vasco”, como los escritos por Peio Aguirre –probablemente la única persona que de un tiempo a esta parte ha desarrollado seriamente un discurso personal en torno a esta cuestión desde la crítica de arte- o por Galder Reguera –desde una perspectiva mucho más enunciativa y un sensacionalismo ramplón y desinformado-.
Pero la situación sobre todo me trajo a la cabeza otras dos. La primera, el momento en el que en 2001 AMASTÉ junto a Saioa Olmo trabajamos en la redefinición de la “imagen” de Arteleku y, como parte del proyecto, hicimos un esquema que presentaba distintas conexiones entre diversas entidades y personas que formaban parte de la comunidad y del imaginario de Arteleku. Sólo era un esquema que servía como ejemplo para explicar de un modo interno el por qué del nuevo logotipo. No tenía afán de representar la realidad de un modo fiel y no era algo que fuese a hacerse público, pero mucha gente, al verse representada en aquel esquema, al hacerse visibles unas hipotéticas conexiones (de un modo subjetivo, más o menos acertado) se sintió “molesta” por diversas razones: por su posición con respecto a un Arteleku que ocupaba un lugar “central”, por con quienes se les relacionaba, por la situación que ocupaban las personas respecto a las estructuras, porque se planteaba un mapa relacional entre nodos que en la realidad en muchos casos no se relacionaban entre si… El esquema, más que clarificar o mostrar un contexto, sacó muchas cosas a la superficie y destapó una crisis relacional e identitaria, que (bajo mi punto de vista) supuso el principio del fin de lo que pretendía ser un modelo de descentralización institucional y articulación de una red de estructuras autónomas de producción, como eran los Proyectos Asociados (fue ilusionante mientras duró).
La segunda, este mismo año, tiene que ver con un momento en el que la asociación Abisal estaba en pleno proceso de redefinición y/o de incorporación de nuevos/as socios/as. En una de las reuniones, Iñigo Cabo, con toda su buena voluntad y afán propositito, pero también desde una visión excesivamente subjetiva, parcial e imprecisa de la realidad y con bastante poca “sensibilidad” hacia los valores fundacionales de Abisal –mucho más cercanos al voluntarismo de las personas que a una supuesta eficiencia empresarial-, esbozó un mapa relacional, que a modo de organigrama, sugería un posible funcionamiento de Abisal de cara al futuro. En este mapa-organigrama, se olvidaba o marginaba a “personas clave” tanto en el pasado como en el futuro de la organización, o se sugerían erróneas relaciones de dependencia. Estas situaciones, provocadas por desconocimiento, generaron gran incomodidad entre mucha de la gente presente en la reunión (incomodidad que se manifestó con diversos niveles de intensidad).
Así que, si en estas ocasiones, unos “pequeños” esquemas sin ánimo de trascender tuvieron semejantes efectos, ¿qué no podía pasar con un proyecto mucho más ambicioso en sus dimensiones, visibilidad y número de personas implicadas/aludidas y situadas, en lo que podríamos entender, casi, como la primera cartografía del arte vasco contemporáneo?
El proyecto, como su propio nombre indica, abre numerosas incógnitas, no tanto sobre el “quien es quien” –y sus derivadas-, sino sobre el “cómo” y “por qué” se producen las cosas. Numerosas cuestiones, algunas de ellas relacionadas a distintos niveles con el proyecto en si mismo (de lo estructural a lo anecdótico) y muchas que lo trascienden. Y esto es lo que convierte Incógnitas en un artefacto interesante.
¿Es el Museo un lugar adecuado desde el que desarrollar y en el que presentar un estudio de esta índole (por las características del Guggenheim como emblema paradigmático) o el lugar, por si mismo, instrumentaliza y neutraliza las posibilidades discursivas del proyecto? ¿No hubiese sido más adecuado realizar un proyecto de estas características en un espacio o medio público? ¿No está la cultura vasca excesivamente institucionalizada? ¿Cuáles son los motivos reales por los que surge esta exposición de un modo tan imprevisto e improvisado? ¿Cual ha sido el acuerdo entre Moraza y el Guggenheim y qué compromisos futuros ha adquirido la institución? ¿Podemos confiar en el actual equipo de dirección del Museo para desarrollar estos compromisos de un modo sostenido o su demostrada incapacidad –disfrazada de imposibilidad y/o falta de autonomía- para ir más allá de una “eficiente” gestión cuantitativa les deslegitima para ello? ¿Realmente el Museo tiene intenciones de cumplir estos compromisos de un modo que vaya más allá de lo aparente o es simplemente otro acto de celebración de su décimo aniversario (si es que hay algo que “celebrar”)? ¿Pese al intento de Incógnitas de crear un marco contextual socio-político para el arte vasco y a utilizar un dispositivo-recorrido de presentación atractivo y didáctico, el resultado del proyecto, no es un ejercicio excesivamente intrincado y autoreferencial que sólo puede ser legible para expertos o para los propios agentes implicados? ¿A quién “pertenece” la información y los dispositivos de presentación que se han generado –sobre todo teniendo en cuenta que lo presentado es consecuencia de un proceso colaborativo y basado en una relación de confianza respecto a Moraza-? ¿Cómo puede, a partir de ahora,”corregirse”, completarse o continuarse el proyecto para que no quede reducido a una exposición más y pueda entenderse como un proceso de código-abierto (Moraza ha manifestado su deseo de que así sea)? ¿Cuáles son los mecanismos prácticos para hacer efectivo este deseo (por poner un ejemplo, actualmente la única manera de acceder al proyecto es pasando por taquilla)? ¿Cuánto tiempo hará falta todavía para que el arte vasco consiga emanciparse de sus supuestos padres –hijos, tíos y demás familia-? ¿El alegórico paisaje montañoso, igual que en la realidad, no oculta el horizonte, fijando nuestras miras y relaciones en la corta distancia, manteniéndonos angustiados ante la posibilidad de un espacio abierto? ¿No sigue proyectando Incógnitas una visión de la práctica artística contemporánea -sobre todo en las coordenadas cronológicas más cercanas a la actualidad- demasiado “artística” y poco expandida hacia otros ámbitos sociales, económicos o políticos? ¿No será esto consecuencia del formulario-encuesta y la orientación de sus preguntas? ¿Qué relación contractual ha establecido el Museo con los/as artistas a la hora de incluir de distintas maneras sus obras (o derivados de estas) en la muestra –teniendo sobre todo en cuenta que el Guggenheim es un espacio eminentemente comercial, que saca partido económico de la exposición (aunque en este caso, probablemente sea mucho mayor el rédito socio-político)-? ¿Por qué muchos/as artistas están tan “satisfechos/as” con que su obra o simplemente su nombre figure dentro del Guggenheim?… En resumidas cuentas ¿Cuáles han sido las vicisitudes y microhistorias surgidas en el proceso –aun abierto- del proyecto? ¿No son algunas de estas microhistorias imprescindibles para entender el proyecto, más allá de la mera exposición? Y una cuestión que quizá atraviesa de un modo subyacente todas las demás y que me atrevo a hacer sin cinismo y sin pretender liberarme de responsabilidad, ya que pienso, representa gran parte de nuestras (mis) contradicciones: ¿Volveremos a ser capaces de, algún día, establecer un límite entre la necesidad y/o deseo de decir sí y la obligación de decir no?
Estas y otras muchas, de tantas cuestiones posibles, no han encontrado su lugar en la esfera pública, donde Incógnitas sólo ha trascendido a través de artículos periodísticos de carácter descriptivo (siendo así, incluso en alguno de los pocos espacios de opinión que existen en nuestro contexto para este menester –el suplemento Mugalari-). Por otra parte, Juan Luís Moraza me decía hace unos días, que él si estaba teniendo muchas conversaciones con distintas personas y que bajo su punto de vista, el que no se hayan producido efectos “explosivos” –mediatizables de cara a la galería-, sino que se pueda estar dando un proceso sosegado, con distancia para el análisis y en contextos más íntimos y/o particulares, era un síntoma colectivo de madurez y no de falta de interés o compromiso de la comunidad artística, y que quizá, esto podrá llegar a tener mayores y mejores efectos a medio y largo plazo (él mismo, en su cronograma de trabajo, sitúa este espacio para el debate abierto en unas mesas de trabajo que sucederán en los próximos meses, o en la carta que ha publicado el día 29 de julio, vuelve a insistir en la inclusividad y el carácter procesual y abierto de un modelo que puede ser desarrollado en el futuro).
Y probablemente tenga razón, pero sigo sintiendo que falta algo, que continúan siendo necesarios elementos que activen el debate crítico (de un modo independiente, desde la sociedad civil, no desde una coercitiva mediación institucional) y lo abran a la participación de un mayor número de personas, diversificando así los puntos de vista y poniéndolos en común. Porque, tan importante es el contenido del posible debate, como que este sea accesible, más allá de para quienes ocupan los espacios de visibilidad y de toma de decisiones en el Sistema del Arte. Sólo de este modo, desde el arte y la creación abierta, desde el consenso y/o el disenso, contribuiremos, no como mera representación, a la normalización del debate como herramienta de comunicación y de construcción y cohesión social.
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Entrada archivada en: Guggenheim, Ricardo Antón
1. lucio (nombre falso) | 2 Agosto, 2007 a las 9:30 pm
Tiene razón Ricardo en muchas de sus ristra de preguntas. Y tener razón sólo con las preguntas es ya apuntar bastante. Es hablar de “Inconitas”, efectivamente.
Hay mucho que decir y estoy dispuesto a debatir, pero sin abrasar con un escrito largo y cargado, sino en la intención de recobrar este espacio de politikak para el debate. Para este tipo de debates esta herramienta ha jugado un papel importante y algo debe pasar a la vista de la inactividad de este sitio (pero esta es otra historia, quizá muy unida a la muerte de la crítica…)
Dos cosas como decía:
Una. He podido ver después de “Incognitas”, la exposición de Kiefer. Ese artista que cautivó a muchas de mi generación. Después de ver la expo comisariada por Moraza, me ha parecido un poco ridícula (es solo una opnión en bruto, probablemente también ridícula, pero he percibido esta sensaciòn como un dato más de la expo “Incognitas”.
Dos. He visto a muchos extranjeros visitar esta expo (”incognitas”) como zoombies, probablemente sin entender nada más allá de las obras “piezas” expuestas…. Y esta circunstancia entraba en contradicción con esa aparente disolución entre “local” y “global” de la que hablaba Javier San Martin en el video (un video que apenas se oía para que pudiera ser leído en inglés). Algo no encajaba.
La expo es claramente para los que pertenecen a “la cosa nostra” y “la cosa nostra local” no es la global…
pero esto no le resta ni interés ni la hace menos necesaria, porque la exposición es un ejercicio sincero y necesario. Muy necesario. Diría que era preciso que se hiciera, quizá lo peor que haya tenido que ser en la casa de Salomón…
2. Iñaki Larrimbe | 3 Agosto, 2007 a las 12:06 pm
¿Muerte de la crítica o muerte del arte dentro del sistema del arte? Es más o menos lo mismo. Es obvio que trasladar un discurso crítico en aras de hacerlo visible dentro de esos “espacios no críticos” que son los Museos y Centros de Arte actuales conlleva la anulación de dicho discurso. Todo lo demás es pecar de ingenuo. Porque la maquinaria del Guggenheim anula cualquier discurso. Todo acaba mutado en espectáculo dentro de ese brillante contenedor. Es como si McDollan’s incluyera un plato de cocina de vanguardia dentro de su Happy Meal.
Los Museos de Arte Contemporáneo tienen, todos ellos, un funcionamiento jerárquico, decimonónico. Y, además, funcionan en base a las estrictas leyes del mercado. Como cualquier empresa. O como cualquier artista que especula con su obra. O como cualquier burgués que especula con lo que puede, siempre dentro de sus pequeñas posibilidades de clase media. Si habláramos de otro tipo de funcionamiento, más horizontal, menos contaminado por esa filosofía especulativa del ultracapitalismo -es decir: si hablásemos de museos realmente contemporáneos- entonces la realidad del arte sería otra.
Y ahora la “glocalidad” interesa. ¿Interesa ahora hablar de nuestro vacío entorno, de nuestros nuevos artistas? Si todos ellos prefieren estar lejos, porque les hemos becado para que hagan su master de rigor en New York. Para que se uniformen de artistas inconformistas. Para que preparen su boock y puedan así intentar introducirse (pegando codazos) en el duro sistema del arte.
Que cedan la gestión de los Museos y de los Centros de Arte a los activistas culturales, a los artistas, a los críticos, si realmente apuestan por un arte escrito con mayúsculas. Que nombren a Moraza coordinador del Guggy y que esa infraestructura pública funcione en plan cooperativa. Porque es más “contemporáneo” Eroski que el Guggy. Todo lo demás es más de lo mismo. Lavarse la cara…
3. Laura Mendoza | 3 Agosto, 2007 a las 7:00 pm
Me gustaría contribuir al debate acerca del estado de la crítica actual, comparto con uds. el panorama y considero que las consecuencias del proceso son para tener en cuenta y re pensar nuestras profesiones y compromisos. De la exhibición y la cultura vasca no me vale opinar porque hace muy poco que vivo entre uds. y no entiendo muy bien de que va la cosa. En cuanto a la crítica, comparto dos paradojas:
La primera hace referencia a una doble y contradictoria situación: por un lado la crítica está sumida en una profunda crisis y por otro goza de muy buena salud. El segundo contrasentido se refiere a su propia naturaleza, y es que al parecer, la crítica ha desistido en su intento de emitir juicios sobre su objeto. Es cierto que el arte contemporáneo -marcado por el exceso, la reproducibilidad y la estetización total de lo social- nos impide encontrar un criterio único tanto en el fondo como en la forma misma de hacer crítica.
Nunca se había escrito tanto, ni publicado tanto ni tan bien como en la actualidad. El número de críticos aumenta así como el de las publicaciones de folletos, trípticos, catálogos, guías de exposiciones, dossiers, revistas, columnas en los periódicos. Todo distribuido a nivel mundial y con el apoyo incondicional del mercado: calidad óptima sin escatimar en gastos, reproducciones de las obras a todo color, grandes tiradas. Cada una de estas pequeñas publicaciones contiene una crítica, o una biografía del artista, o un recorrido historiográfico por el arte de las últimas décadas. Sin embargo se trata de publicaciones efímeras, que nunca son indexadas y mucho menos catalogadas, pues creo que no existe ningún archivo o banco de datos en el que converjan todos estos materiales. Son además textos que raramente se leen y que permanece al margen. Casi nunca se citan y resultan imposibles de cuantificar.
Queda por lo tanto en entredicho si la crítica de arte surte efecto entre los “consumidores de productos culturales”. ¿Los atrae a las exhibiciones? A mi modo de ver, la interacción con el público es realmente baja, son muchos los que toman folletos, pocos los que los leen, mucho menos los que los estudian como género literario, y prácticamente ninguno que selecciona algún pasaje para futuras referencias. Pese a ello los trípticos de las nuevas exposiciones han de ser siempre visualmente atractivos. De ahí que quizá no resulte exagerado hablar de paradoja, puesto que aún estando en auge la incidencia de la crítica es prácticamente nula. La crítica de arte se produce en masa, pero también es masivamente ignorada.
El segundo aspecto que produce cuanto menos perplejidad es como subraya Antón, la renuncia casi colectiva a emitir juicios. No se si lo hacen en privado, pero en cuanto a lo publicado, los críticos prefieren esconderse en lo vago, lo ambiguo, la adjetivación compulsiva, en lugar de tomar partido en favor o en contra de un artista, de una estética o de un grupo generacional. Las críticas de arte o son huecas y superficiales, o demasiado pomposas, confusas y esotéricas. Lo que antaño eran encarnizados ataques, feroces invectivas o apasionadas alabanzas y defensas programáticas, hoy se ha disuelto en una espesa niebla y en la descripción sistemática de las obras. ¿Pero significa eso que haya cambiado el perfil del crítico de arte? No necesariamente. En el París del XIX no había críticos a tiempo completo ni críticos por formación universitaria, pues eran a la vez poetas, escritores, marchantes o filósofos. Hoy en día tampoco podemos hablar de críticos con una formación específica para tal práctica, la crítica no es en sí misma una materia académica e incluso es difícil encontrarla como asignatura en otras licenciaturas afines. Otros datos nos indican una vinculación ocasional o a tiempo partido con el oficio de crítico, ya la mayor parte de estos profesionales ha trabajado o trabaja como profesores de historia del arte, otros lo hacen en museos y galerías o bien en revistas especializadas. Así van desfilando multitud de actividades más o menos relacionadas con el mundo del arte. Sin embargo que una disciplina no tenga plataforma académica no implica que no deba ser rigurosa.
Pese a constatar cierta continuidad si miramos atrás, hasta mediados del siglo XX, es fácil percatarse de una manera de hacer radicalmente diferente. Los llamados críticos de Bloomsbury y los críticos del Modernismo – el mismo Greenberg – parecían estar más comprometidos con la historia del arte en general y con la historia de su propia práctica. Sus pensamientos eran a mayor escala, considerando a la vez diferentes periodos, posicionándose respecto a ellos y polemizando con ira, burla o sarcasmo con los demás miembros de su profesión. Hoy – y aunque el pluralismo imperante sea un leiv motiff – es prácticamente imposible que los críticos piensen más allá de la exposición en cuestión, del trabajo encargado o, por el contrario, parecen estar indiferentemente fuera de todo. Una consigna tácita en muchos medios suele ser la de “no pontifiques ni divagues, cíñete al tema”. No se trata de que los críticos de hoy tengan menos opinión, sino que son menos ambiciosos. Y por ambición entiendo el deseo de prestar atención el paisaje que circunda una práctica artística y no sólo la obra aparentemente aislada. A esto se prefieren juicios locales, opiniones informales o pensamientos transitorios, dispersos, llenos de palabras huecas y comodines. Eluden por lo tanto cualquier tipo de responsabilidad o compromiso. Mientras que durante las últimas cuatro décadas esta práctica se ha difundido por todo el mundo, los críticos se retiran de la línea de fuego y se atrincheran en dominios más localizados, limitándose a describir o evocar el arte y creo que esto no nos es suficiente.
4. Iñigo Cabo | 3 Agosto, 2007 a las 9:20 pm
Avanzando en el -cuestionamiento- crítico (?) que Ricardo plantea y que considero interesante, creo también necesario señalar algunas notas:
Aparte del propósito crítico y el debate acerca de la función de la crítica y su actual estado (ciertamente tema raíz en blogs como salón critic, brumaria, agencia crítica,.. entre otros formatos que abordan periódicamente la misma cuestión desde diversos planteamientos.), el ejercicio crítico no es simplemente una praxis de opinabilidad subjetiva (redundancia), precisamente (y aún estando de acuerdo en parte sobre lo apuntado), es debido a tales consideraciones y sus deformaciones que la desespecialización crítica ha degenerado hacia éste tipo de descriptiva que se señala, mera divulgativa panegírica o encomillado que en el montaje distorsiona la realidad del mensaje original del autor. (ser no es solo estar)
La crítica como forma razonada, y no solo en función ( Criticar: Juzgar las cosas, fundándose en los principios de la ciencia o en las reglas del arte. / Diccionario esencial de la real academia) si no en sentido ( Crítica: Examen y juicio acerca de alguien o algo y, en particular, el que se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una obra artística, etc. // ibid.) no se basa exclusivamente como sabemos en modelos reduccionistas o llanamente calibrativos.
Existe crítica y existen quienes critican. La cualidad de su razonamiento se difiere en relación a los contenidos que proyectan, a su aporte, ( y a la forma de su posible, permitir el aporte), al despliegue de huecos no delimitados en la estructura original, no es solamente juicio (eso sería cumplir el mismo protocolario a la inversa), es un razonamiento del siglo XIX.
Quizá sea cuestión de intensidades. En qué momento una voz es más poderosa que otra, o donde encuentra su eco.
Existen medios y formatos y existen claramente una crítica y una teórica que aúnan subjetividad y lógica en desarrollos analíticos generadores de pensamiento transformador y sentido, la cuestión reside quizá en a quién interesan y no tanto en las formulas que se centran en su difusión, canal no es igual a información, no es igual a objetividad, no es igual a acceso, no es igual a libertad.
Creo simplemente que hay una gran merma de contenido, de fondo.
Antes que todo lo que ya sabemos está todo lo que no se sabe.
Por último, en relación al episodio que rememoras citándome, creo que es clarificador en el sentido de tomar la parte por el todo.
Toda propuesta de -renovación- plantea una refundación de orígenes, que luego se contrasta y en relación con otras propuestas generan un proyecto común(no ya comunitario).
Mi gran error, fue creer (o escuchar mal, leer mal, confiar),en una invitación a proponer nuevas vías, alternativas e ideas a una estructura que se señalaba agotada, colaborar en un desarrollo diferenciado desde mi campo y conocimientos (evidentemente no desde los conocimientos de otros) en base a una plataforma potencial. Por ello referí, llanamente, para que otros sumasen, restasen y en definitiva valorasen. Un ejercicio subjetivo desde un análisis de una situación en planteamiento (sí, consustancial a la idea de crítica que creo quieres introducir), entregable a otros, no para sí, cosa que considero señalar de igual modo que hice en su día, desvinculándome desde el inicio de cualquier tipo de protagonismo en una estructura que no reconozco como propia si no interesante como estructura agente independiente (?)
Uniendo estas dos cuestiones, no quisiera llegar finalmente al acuerdo en que la voz crítica que llega, que se establezca, es aquella cuyo volumen se encuentra en el mismo umbral acústico del receptor, una audiencia precosntruída, anteconstituída, autoasigantaria… neutralizada.
(el común acuerdo)
Derrida, (ya que estamos), ampliando la noción crítica en el comportamiento de la lógica, introdujo el concepto de hospitalidad, no como protocolo de mera enunciación-receptividad, si no designando la verdadera fuente de la introspección crítica, la comprensión mediante la identificación del yo en el otro.
Es interesante la deriva de estas conclusiones; quizá el vasquísmo patológico que recorre sumergido un planteamiento amplificador (¿), esté desviando la cuestión técnica a una mera paráfrasis, un potencial ejercicio de proclama de impotencias.
Si te apetece ponerte en mi lugar (no ser mi lugar), sería divertido avanzar críticamente en todo ello.
5. Tyler Durden | 6 Agosto, 2007 a las 11:54 am
Soy la vértebra que pinza el nervia ciático de Mengano.
6. ptqk | 6 Agosto, 2007 a las 1:10 pm
Me da la sensación de que todo esto son pretextos para no mojarse el culo. Tanto el discurso super-teórico como el silencio… es lo mismo.
Desviar el problema al Guggenheim (como todo el blabla sobre los espacios institucionalizados) sólo sirve para quitarse responsabilidad. ¿Realmente la situación hubiera sido distinta de hacerse esa exposición en un entorno “independiente”? Lo dudo mucho.
El problema es que la escena artística vasca es tan cerrada y auto-referencial que todos temen (temeis) romper el status-quo haciendo una crítica sincera, clara y -por qué no- emocional. Es decir, honesta.
La cartografía de Moraza es muy valiosa en sí misma pero en mi opinión desenfocada en cuanto a los sujetos y al objetivo. Sería mucho más interesante si se doblara de un mapa de las relaciones personales subyacentes: quienes están unidos y en base a qué tipo de relaciones. Tal y como está planteado es solo un mapa de “visiblidad”, de fetiches. Y no está mal, pero eso no basta.
Faltan “espacios” de crítica porque faltan “tiempos” de crítica. Tiempos que no sean los de la rentabilidad inmediata, simbólica o económica. La creación artística necesita discurso, es decir, capacidad para elaborar pensamiento. Y el pensamiento no tiene los mismos códigos ni los mismos tiempos que el mercado de la cultura (ya sea el del arte contemporáneo o el de la prestación de servicios culturales o de comunicación). No se puede ser pensador y empesario al mismo tiempo. Y no se puede hacer crítica desde una relación de cliente-proveedor que es la que mayormente une a los/as protagonistas del arte vasco representados en ese mapa.
Y esto no lo digo desde una postura utópica sino estratégica. Un entorno creativo que no tiene capacidad para pensarse a sí mismo está condenado a la superficialidad.
7. secesionista | 6 Agosto, 2007 a las 2:16 pm
subrayaría el intento de Laura Mendoza -nombre real o ficticio- de contribuir al debate sobre la crítica de arte.
Para hacer crítica de arte hacen falta herramientas. Es una cuestión de ontología. Cualquiera puede escribir ‘crítica de arte’ (pues cualquiera puede escribir ‘algo’) pero no todo lo escrito es, ni será, ‘crítica de arte’.
Hay gente que escribe ‘crítica de arte’ (en el contexto vasco también) y nunca se presentan a sí mismos como ‘críticos/as de arte’.
¿Entonces?
8. Tyler Durden | 6 Agosto, 2007 a las 3:12 pm
Soy la úlcera de estómago de los pensadores empresarios.
Soy la apendicitis de la crítica de arte.
9. Chuck Palahniuk | 6 Agosto, 2007 a las 3:38 pm
Tyler, debería haberte encerrado con candado cuando finalicé el manuscrito.
10. secesionada | 6 Agosto, 2007 a las 7:13 pm
¿Esto va de crítica y críticas/os de arte (o como se llamen a si mismas/os por aquí)?
Vaya, en principio me había parecido que ese sólo era un punto de partida y que la cosa era un poco más general y abierta hacia otras posibilidades. Una pena.
Porque aquí lo que hace falta es más activismo y crítica, pero sobre todo COMPROMISO social desde la cultura.
Estamos cansadas de tanta impostura que no sirve más que para engordar los curriculum de los juguetones rebeldes, que hace tiempo perdieron su credibilidad y a los que sólo les queda la retórica para protegerse de la realidad, que día a día contribuyen a fortalecer.
11. Ricardo | 6 Agosto, 2007 a las 8:21 pm
SOBRE 2 CUESTIONES QUE PLANTEA PTQK
1. “No se puede ser pensador y empresario al mismo tiempo. Y no se puede hacer crítica desde una relación de cliente-proveedor.” Muchas veces me han dicho que no se puede ser juez y parte y quizá tengan/tengas razón, pero prefiero dar la vuelta al argumento: sólo si somos capaces de ponernos en el lugar del otro (incluso, por qué no, ser otro) podremos convertir nuestras diferencias en ventajas y no en inconvenientes. Ya va siendo hora de quitarnos el corsé de la modernidad y ser un poquito más polifacéticos.
2. ¿Realmente la situación hubiera sido distinta de hacerse esa exposición en un entorno “independiente”?: Me quedo con el entrecomillado, porque, qué significa “independiente”, más aquí en Euskadi, donde la independencia es un termino completamente institucionalizado e instrumentalizado desde la anquilosada izquierda abertzale (y detrás, por el resto de fuerzas políticas, tanto o más obsoletas aun). Por eso, probablemente no se trate de ser independientes, sino de poder elegir o re-pensar nuestras “dependencias” y gestionarlas (tanto a nivel individual como colectivo) con respecto y/o junto a las de los/as demás. Por ese motivo, estoy seguro de que la situación hubiese sido muy distinta, porque si un proyecto de estas características se hubiese puesto en marcha desde, por ejemplo: Arteleku, Abisal, Rekalde, el Observatorio Vasco de la Cultura, la Fundación Rodríguez, la UPV-EHU, Tabacalera o Artium, las “dependencias” hubiesen sido otras y por tanto, también los objetivos, procesos y resultados.
12. Daniel | 7 Agosto, 2007 a las 4:24 am
Interesante reflexión, disculpas por la tardanza y brevedad del comentario. Pero la entradilla viene muy a cuento de algunas de las cosas que comentamos en mi pasada por Bilbo. En resumidas cuentas se hace necesaria una nueva (o alimentar una existente y marginal) forma de hacer cultura, de facilitarla y efectivamente diseccionarla: nos hace falta ese juicio crítio más que nunca. Y además para ese juicio crítico nos hacemos falta todos en un esfuerzo para desarrollarlo y no gustarnos obsoletos en la gama de nuestros manierismos. Gracias y a seguir dándole.
Daniel
(Esto enlazará a clavo con las visitas y gestión de la Documenta entre otras gaitas. Ya dirás si hay oportunidades de intercambiar más opiniones desde ese eje.)
13. secesionista | 7 Agosto, 2007 a las 9:22 am
a secesionada
¿donde está la crítica de arte? ¿donde el activismo? ¿donde el discurso? ¿quienes son los juguetones rebeldes? ¿quienes los excluidos? ¿?
14. gabriel villota toyos | 7 Agosto, 2007 a las 10:31 am
Dado que entiendo que no todo el mundo suele necesariamente leer la prensa, os hago llegar un par de columnas que he publicado reciéntemente alrededor de este asunto en el diario Gara, con las que espero poder contribuir a la discusión. Saludos,
gabriel
Pabellones nacionales (II)
Gabriel Villota Toyos
El arte vasco no tiene, claro está, pabellón propio en Venecia: pues, como decíamos el otro día, estos sólo se constituyen bajo adscripción estatal: pero una curiosa carambola del destino ha querido que coincida este año la bienal italiana con la presentación en el Guggenheim bilbaíno de “Incógnitas”, una extensa, compleja y paradójica puesta en escena de los últimos cuarenta años del arte producido entre nosotros.
Extensa, en tanto que intenta recoger el máximo de los nombres que han desarrollado una práctica artística sostenida en ese periodo; compleja, porque trata también de establecer familias, genealogías, relaciones, y mostrar los entrecruzamientos varios; paradójica, porque el marco en el que este análisis sobre la “escena local” se posibilita por vez primera con esta intensidad es, ni más ni menos, que el ofrecido por el museo más representativo de la “era global”.
Dentro de las diferentes maneras posibles que podría haber para mostrar este panorama de la creación vasca, el comisario de la exposición, el artista Juan Luis Moraza, ha elegido realizar una serie de cartografías que, mediante grandes constelaciones de nombres y fechas, ofrecen al espectador la posibilidad de buscar, encontrar o inventar vínculos reales o imaginarios entre artistas, grupos, movimientos y modos de expresión y reflexión diversos.
A diferencia de la obligada apuesta competitiva y excluyente que cada dos años han de hacer aquellos pabellones estatales que concurren al evento veneciano, otra ventaja que ofrece la propuesta de Moraza es que resulta fundamentalmente integradora: para ello el dispositivo elegido con acierto ha sido el del archivo, al que puntualmente se han añadido algunas piezas escultóricas, fotográficas y videográficas.
Puede que, de todos modos, la sensación general sea, sobre todo para quien no conozca bien de cerca el contexto, de cierta confusión: por ello sería bueno que, si no cada dos años, si con cierta periodicidad pudieran seguir haciéndose nuevos esfuerzos pedagógicos en dar a conocer, de forma esta vez más acotada, los principales aspectos de esta siempre inquieta y rica escena local.
15. gabriel villota toyos | 7 Agosto, 2007 a las 10:33 am
La segunda se publicará este próximo sábado, pero os la adelanto:
Pabellones nacionales (y III)
Gabriel Villota Toyos
El problema con los pabellones nacionales (como el que constituiría, bien que a su modo, la exposición “Incógnitas” en el Guggenheim) viene dado cuando se construyen desde una pura autorreferencialidad basada en signos identitarios (los fundacionales, las más de las veces: sean estos de raigambre atávica o modernista, tanto da), tornándose así incomprensibles para quienes no pertenecen a ellos. Y aquí surge la pregunta, la verdaderamente dramática pregunta: ¿eran necesarias estas alforjas para semejante viaje?
La escena local (o si se prefiere, de un modo más dignificado, la “esfera pública independiente del arte bilbaíno y vasco”) llevaba (llevábamos, no me escaquearé aquí) toda una vida exigiendo un compromiso mayor por parte del “museo impuesto” con ella misma, en virtud de ser la auténtica generadora del tejido creador de acá. Pasados diez años de auténtico desprecio, el Museo vuelve por fin sus ojos, por partida doble (ya se ve venir la exposición de octubre) y, ¿qué es lo que tenemos?
Lo que tenemos es un enorme espejo en el que mirarnos, más o menos distorsionados, más o menos reconocibles, y que usamos fundamentalmente para ver quién está, quién falta: desde luego, poco que ver con la vocación de servicio público que para el arte algunos reclamáramos (creyendo pretenciosamente que fuera posible): sólo hay que abrir un poco los ojos, como ya se ha dicho, para advertir la enorme perplejidad con la que pasea por las salas cualquiera que no pertenezca o conozca muy de cerca a las familias allí representadas.
Y desde luego que el esfuerzo pedagógico y contextualizador que se ha hecho es importante, imaginativo e incluso totalmente acertado en muchas de sus propuestas: pero, ¿a quién interesa realmente todo aquello? ¿no acaba siendo un gesto vanidoso de exhibicionismo colectivo?
Si la exposición “Incógnitas” tiene una virtud (seguramente entre muchas otras) es que hace que uno llegue a plantearse, como autocrítica retrospectiva, si verdaderamente la finalidad de un museo como este puede ser, ni siquiera en parte, la de que en él nos mostremos nuestros trabajos, los unos a los otros: ¿realmente podemos pensar que habría venido de ahí algún cambio para la ciudad?
16. Secesionada | 7 Agosto, 2007 a las 3:14 pm
- “Crítica de arte”: Ejercicio intelectual que reflexiona sobre la práctica artística (se circunscribe al arte).
- Activismo: Puesta en práctica del “pensamiento crítico” (puede darse en cualquier ámbito).
- Discurso vs Diálogo
- Juguetones rebeldes: Quizá es un término demasiado aparatoso y prejuicioso por mi parte.
- Excluidas/os (no entiendo por qué enlazas esta cuestión en relación a mi post): Quienes por distintos motivos quedan fuera de un determinado margen. Siempre hay un agente que excluye (ese agente en muchos casos puede ser una/o misma/o).
17. Galder Reguera | 8 Agosto, 2007 a las 9:58 am
Hola Ricardo,
Muchas gracias por la referencia. Me ha hecho mucha ilusión saber la consideración que tienes de mi trabajo.
Muy interesante, por otro lado, tu artículo. Muy bonito.
Es una pena, no obstante, que sea un mero brindis al sol. Me hace gracia comprobar que hablas ahora de la necesidad de una crítica de arte, cuando durante años has sido editor de una revista que ponía al mismo nivel la publicidad más burda de restaurantes, tienditas de diseño y centros comerciales con las reseñas culturales; una revista en la que el texto más sesudo no llegaba a apuntar más que dos o tres ideas banales, y que lucía orgullosa los logotipos de todas las instituciones habidas y por haber; una revista en la que todas las referencias de exposiciones o intervenciones artísticas que contenía eran o bien de exposiciones de algún amigote vuestro o burdas transcripciones del dossier de prensa de la institución de turno, siempre y cuando apoyara la revista, claro está. Obvia decir que esas reseñas eran un juego de chupapolleo evidente, en el que cualquier juicio crítico destacaba por su ausencia.
Pero dejando de lado esto, que me parece respetable –los moralistas son como las señales de tráfico, indican el camino, pero no lo siguen- y yendo a lo que argumentas en el texto, creo que aunque obviamente la crítica, no sólo la de arte, es mucho más que como tú la defines –“decir lo que se piensa para que los demás lo sepan”-, estoy de acuerdo contigo en parte del escenario que describes. Por ejemplo, tienes razón cuando señalas que “se impone la autocensura” (la variante más lamentable, por otro lado, de la censura), y cuando hablas del hartazgo por parte del crítico y de la falta de ilusión sobre la potencialidad transformadora de los discursos. Me alegro también de ver que sientes cierto desasosiego por la falta de crítica en nuestra sociedad y de que concluyas el artículo afirmando la urgente necesidad de elementos que activen el debate crítico de un modo independiente. Al parecer compartimos al menos algo.
Coincidimos, pues, en que hace falta un ejercicio colectivo de crítica. La cuestión, sin embargo, es el precio que uno está dispuesto a pagar por realizar ese ejercicio de crítica, porque es precisamente por no pagar ese precio por lo que la (supuesta) crítica actual está dormida. En primer lugar, el crítico no vive de su trabajo sino, con un poco de suerte, completa su sueldo con los textos para catálogos que le encargan las diferentes salas de exposiciones, públicas y privadas. En este sentido, es mucho más sencillo, y probablemente inteligente, desde un razonamiento materialista, dedicarse al elogio gratuito de la programación de las salas. Si te portas bien, quizá algún día te llamen para una colaboración –una charla, un texto, un comisariado, etcétera-.
Por otro lado, están los artistas. Vivimos en un pueblo, donde todos nos conocemos, y pertenecemos a una comunidad, la artística, muy reducida. En este sentido, es muy inteligente escribir sobre lo maravilloso y estupendo que es un artista, de la fundamental importancia que su visión tiene para el mundo y de lo mal que se portan con él las instituciones que no le apoyan. Si actúas así, todo serán sonrisas y buenas caras. En el futuro, incluso el artista quizá medie con la institución de turno para que el texto o el comisariado de su próxima exposición lo hagas tú.
Obviamente, para que todo este ejercicio calculado no sea muy evidente, hay que censurar algo, meterse con alguien, establecer un contrapeso. Así, se puede apuntar con nuestro objetivo a aquellas instituciones que de las que probablemente no sacaremos nada, con las que no hay, al menos en un plazo corto, posibilidad de colaboración… no sé, como el Guggenheim o el Museo de Bellas Artes, el MoMA o el Pompidou.
Claro está que hay otra posibilidad, que es la de escribir desde el criterio personal. Como dijo el poeta, no escribir nada que no rime con tu nombre. Obviamente, esto no te da la razón en las cosas que escribas. Errar es de humanos, y errar regularmente de críticos. Equivocarse es un derecho fundamental. Ahora bien, si haces esto, si escribes realmente lo que crees del panorama del arte actual, date por jodido. En primer lugar, te encontrarás con la espalda de los gestores de las instituciones. No te llamarán para colaborar en sus programas, porque tal día osaste dudar de la valía de alguna de sus exposiciones. En segundo lugar, tendrás el rechazo de los artistas. “Quién eres tú para hablar de mi obra” es una pregunta recurrente que se encuentra todo crítico que ose criticar sin ambages la obra de un artista. Y en tercer lugar te encontrarás con el peor rechazo de todos, el del resto de los críticos, que verán en ti una amenaza latente, un contraste que puede desvelar sus estrategias.
Me adelanto a tu posible respuesta diciéndote que, por supuesto, yo no me erijo como ejemplo de la segunda de las actitudes. Yo escribo y punto. No me releo, y dejo para los demás el juicio para con mis textos. Pero sí quiero decirte que yo sí conozco las miserias que rodean a quien escribe simplemente lo que piensa. Defines mi artículo sobre el arte vasco como sensacionalista, burdo y mal informado, y yo respeto tu opinión. Pero creo que en ese artículo expuse algunos de los problemas fundamentales de la creación artística hoy y aquí: intrusismos varios, corruptelas, falta de contenido de las obras y propuestas y una absoluta desorientación de muchos de los artistas que aquí se consideran claves en el arte joven. Por supuesto, tú no estás de acuerdo. Yo sospecho que este desacuerdo reside más en cuestiones personales –al fin y al cabo muchos de ellos son tus amigos-, que en cuestiones profesionales.
Lo que está claro es que el mundo del arte aquí y hoy seguirá siendo en su mayor parte el coto privado de una serie de amiguetes de bar que se autonombran alternativa y que en realidad son los niños bonitos de las instituciones. No toleran más crítica que aquella que se deshace en halagos y cualquiera que ose dudar de su valía artística será automáticamente marginado. El único crítico que se podrá mantener en este escenario será aquel que siga dándoles bola y afirmando lo bonitos que son, lo bien que trabajan y lo mucho que les debe la sociedad. Puedes hacer mil brindis al sol como el de este artículo. Quedarán en nada mientras no cambie esta actitud generalizada. Algo que, por supuesto, no va a pasar.
18. Ricardo | 8 Agosto, 2007 a las 4:11 pm
Esto más que un foro, parece “el rincón del aludido”. Visto lo visto, no se si hubiese sido mejor hacer un txt sin nombrar a nadie, para que el posible debate no derive en cuestiones de crónica social; o si por el contrario, hacer uno nombrando a cuanta más gente mejor, para que así se viesen en la “necesidad” de dar la réplica, que parece ser la única manera de que alguien se anime a participar de un modo activo.
19. niñabonita | 8 Agosto, 2007 a las 4:14 pm
Escrbo con nombre supuesto por que me muero de risa. Ga,lder estás galácticos…aunque Ricardo ha empezado, lo que le da un plus de valentía. Espero contestación de Ricardo, ah y alguna que otra respuesta.
Muy buenos todos, muy interesante.
20. Galder Reguera | 8 Agosto, 2007 a las 6:04 pm
Ricardo,
Te contesto no por la referencia, sino porque me hace gracia que hables con esa alegría abstracta de este tema. En cuanto a la crónica social, ese es precisamente el problema de la crítica de arte aquí y hoy, que algunos la tomáis como eso. Sin embargo, creo que dar nombres y apellidos es una actitud que denota valentía.
En cuanto a lo de “implicarse de un modo activo”, yo he publicado ya bastantes artículos sobre el estatuto de la crítica de arte, su necesdad, sus problemas, etcétera, pero probablemente no los hayas leído. A veces, no es que otros no estén implicados, sino que lo están en otro lugar. El mundo, afortunadamente, es muy muy grande. No es nuevo el tema, aunque te parezca lo contrario.
21. Tyrexito | 8 Agosto, 2007 a las 6:07 pm
Un simple apunte:
Hace tiempo que me maravilla el reduccionismo al que ha llegado la crítica de cine que ha saltado incluso de la conversación coloquial a los podcasts especializados, programas de radio e incluso al comentarismo pueblerino de periódico local. Una peli es “mala” o es “buena”. Hala, ya está. Como mucho, ponemos un baremo de una a cinco estrellas y a mamar.
Ya puestos, molaría tratar así a todos los medios, incluido el arte:
-¿Qué te ha parecido la Tate Modern?
-No vayas, es bastante mala.
-¿Y la Welcome collection?
-Tienes que ir a verla: es muy buena.
22. Iskandar Rementeria | 8 Agosto, 2007 a las 6:40 pm
Desde hace ya décadas existe un problema manifiesto sobre la eficacia del pensamiento y la acción críticas. Este problema responde a una lógica cultural (Jameson y antes otros) por medio de la cual cualquier manifestación antagónica refuerza finalmente el sistema de cosas contra la que se erige. No obstante, los fenómenos estéticos aúnan en sí mismos capacidades ambivalentes: por un lado, pueden implicar la despolitización del pensamiento pero, por otra, también poseen la potencialidad del cambio, ya no en la realidad, sino en el individuo o en el imaginario que comparte junto a los demás y que configura su pensamiento y acción.
Dadas estas ambivalencias y aparentes contradicciones, (cuyas consecuencias me aventuro a opinar son de orden casi existencial) este tema surge cada cierto tiempo, entre otras cosas porque repensar sosega, aún en la displacencia de que este proceso que revela la dudosa eficacia del pensamiento se perfecciona con el tiempo. No obstante, siempre permanece entre muchos una débil pero persistente creencia de que las potencialidades del pensar y hacer estéticos aún tienen capacidad política real (y digo política en cuanto “polis”, es decir, en cuanto pensamiento y acción consciente de un sujeto ciudadano).
Ya que ha sido mencionado, aprovecho para informar que Espacio Abisal ha programado en Noviembre un Seminario destinado a instalarse en esta dificultad, ya vieja pero del todo contemporánea, de re-pensar la posibilidad o (imposibilidad) del pensamiento y la acción críticas en la actualidad.
Un saludo.
23. Ricardo | 8 Agosto, 2007 a las 6:42 pm
Galder, por tratar de cerrar este tema entre tu y yo y no dar juego a niñabonita.
Con lo de crónica de sociedad me quería referir, no al tipo de crítica de arte que se hace en la actualidad (que en muchos casos es así, ya que lo dices), sino a que no me gustaría que la conversación derivase a quien nos cae mal, de quien somos amigos o si este y aquel son más o menos trepas o tienen problemas personales entre ellos.
Por otra parte, soy consciente de que haces un ejercicio activo de la crítica de arte y aunque por lo general, cuando he tenido ocasión de leer cosas tuyas, no suelo estar de acuerdo ni con el fondo (tu mirada sobre el arte) ni con la forma (tu estilo), me parece un trabajo honesto y totalmente respetable.
Y para terminar, aclarar que mi txt se titula ¿El fin de la crítica? y no ¿El fin de la crítica de arte?
24. Galder Reguera | 8 Agosto, 2007 a las 8:27 pm
Ricardo,
Bueno, gracias por lo menos por considerar mi trabajo respetable. Me parece estupendo, en ese sentido, que no estés de acuerdo con lo que hayas podido leer de mis textos. En primer lugar porque si estuvieramos de acuerdo en todo, esto sería un peñazo. En segundo, y por lo que me toca, porque no es mi intención contentar a todo el mundo, ni mucho menos. De todas maneras, me temo que tengas una visión muy reducida de lo que escribo.
Tampoco creo que haya que convertir el foro, ni la crítica de arte en una crónica social, aunque, como comentas, muchas veces la crítica se limita a eso. Sin embargo, sí es cierto que conocer los amigos de algunos te permite tener una clave de comprensión de sus discursos, que demasiadas veces son interesados.
En cuanto a lo que dices que el texto no se refiere sólo a la crítica de arte, todo lo que he afirmado se puede llevar a cualquier otro campo. El ejercicio crítico es necesario, pero quien lo realiza paga un precio que es excesivo. Generalmente, es relegado al más oscuro de los ostracismos.
25. ptqk | 8 Agosto, 2007 a las 10:34 pm
Respecto al punto 2:
Claro que ningún proyecto es independiente. Pero no seamos ingenuos. Las “dependencias” de una exposición como Incógnitas no son con el Guggenheim sino con los protagonistas de la escena vasca, que son los (únicos) destinatarios de esa exposición. No creo que en ningún momento Moraza haya pensado en cómo podía ser percibida su propuesta por la Fundación Guggenheim porque ésta sólo quiere dar una apariencia de compromiso con el tejido local y para ello le hubiese valido CUALQUIER COSA. Pero a los “artistas vascos” no.
Insisto: centrar el debate en torno al artefacto-Guggy es una coartada para evitar las cuestiones de fondo (que tú mismo planteas) porque son demasiado incómodas. Como por ejemplo, que la mejor pieza de la exposición sea la del propio Moraza.
Cuando el mapa tiene más interés que el territorio, una de dos: o el comisario es un genio o es que la realidad sobre la que interviene no vale mucho. Y en Incógnitas pasa un poco esto (es mi opinión pero sé que no soy la única).
26. ptqk | 8 Agosto, 2007 a las 10:36 pm
Y respecto al punto 1, sobre los pensadores-empresarios (aunque excede con mucho las posibilidades de un comment como éste):
No estoy haciendo juicios personales sino intentando buscar alguna explicación al ensimismamiento generalizado de los artistas vascos que cada día se comportan más como funcionarios que como creadores.
Y lo que digo es que la ausencia de crítica quizás se deba a que faltan tiempos/espacios difusos e informales, TIEMPOS/ESPACIOS QUE NO SALEN EN LOS MAPAS. Sigo pensando algo que ya te he comentado en otra ocasión: que aquí sobran artistas-empresarios, comisarios-profesionales, faranduleros-imprescindibles y toda esa bufonería que suele acompañar al arte pero que no debería confundirse con él. El pensamiento crítico necesita un medio-ambiente intelectual más ambicioso (sé que estás de acuerdo, no me jodas).
27. niñabonita | 9 Agosto, 2007 a las 6:47 pm
Vamos a ver
Ricardo Galder Juan Luis,,,,, sois unos boniatos Os juro que si dejarais de “criticar”, vocablo que Galder se lo toma muy al pie de la letra, no pasaría nada, es más creo que vosotros mismos sois los pocos que os leeis mutuamente, quizás también ptck, (a iskander le considero que debería repasar los últmos apuntes de la facultad) con lo cual este foro es un cotillo reducido al igual que vuestro territorio, que bien mirado Moraza ha resumido medianamente bien y pqk lleva razón cuando dice que el mapa tiene más interés que el territorio, pero más que nada porque porque no dice nada, alimenta el morbo y recuperando vuestra insigne voz os cito: Es una crónica de lo social, sin lo social ni pies de foto que hasta la Esteban tiene más criterio. Por supuesto las reflexiones en voz alta de Moraza son infumables como bastantes de las vuestras.
28. niñabonita | 9 Agosto, 2007 a las 7:15 pm
Ah se me olvidaba, yo también tengo punto 2.
Las respuestas a vuestras preguntas (histéricas por impotentes; vacias por retóricas; dramáticas porque pintan un paisaje que esconde muchos delitos inconfesables) las teneis hijos mios vosotros mismos. Escribid una carta al Guggy en los siguientes términos: Sr. Vidarte lo que se acaba de perpretar es la gota que rebosa el vaso de la indecencia, etc. etc. Yo creo que habeis hecho un sano ejercicio de pataleta controlada, muy al estilo vasco, estlio pajillero, por no llegar al fondo aunque lo intuis (yo creo que os negais a curaros porque en casa de aita-ma se vive bien) así no hay manera chavales.
29. Ricardo | 9 Agosto, 2007 a las 7:38 pm
Punto 1.
Gracias niñabonita por tenerlo tan claro, abrirnos los ojos y animarnos a actuar. Qué haríamos sin gente como tu!
Aunque por el estilo con el que parece que pretendes resolver las cosas, creo que tu mucho de bla bla, pero probablemente, nunca hayas movido un dedo, no ya para cambiar algo, sino para hacer nada.
30. Ricardo | 9 Agosto, 2007 a las 7:44 pm
Punto 2.
Sigo con el estilo pajillero.
Galder.
Cuando alguien ejerce la crítica, se expone a que otros/as discrepen o le malinterpreten. Es cierto que puede comportar riesgos que hay que estar dispuestos/as a asumir, como: caer mal (o no caer bien), ser reprendido, descubrir con el tiempo que no se tenía razón -o al menos que no sólo hay “una razón”-, incluso que como tu dices, algunos agentes te condenen al ostracismo –aunque de quien así opera, cuanto más lejos mejor, con lo que incluso no vienen mal determinadas “condenas”-.
Pero creo –o quiero creer- que quien mantiene una posición crítica y comprometida, al final incluso se gana el respeto de quienes no estén de acuerdo con él/ella. Y por el camino, establece complicidades conceptuales y estratégicas muy interesantes, tanto a nivel profesional, como personal (a lo que creo que tu te refieres con “mis amigos”).
Y aquí enlazo con otro de los temas que has repetido varias veces que es lo del amiguismo, proselitismo y los discursos interesados. Es cierto que tengo muchos amigos/as con quienes además comparto relaciones profesionales. Es cierto además, que cuando me llevo bien con alguien en muchas ocasiones tiendo a sentir más “cariño” por su trabajo y al revés, cuando me interesa algo, suele pasar que tiendo a llevarme bien con las personas que tienen relación con esos proyectos (aunque no siempre es así). Y creo, que cuanto más conoces a alguien, más claves tienes para entender su actitud, su trabajo o el por qué de determinadas cosas.
Es cierto por ejemplo, que: salgo con Saioa Olmo, mi padre es Antón Hurtado, Txelu Balboa e Itxaso Díaz son mis amigos desde la facultad, pondría la mano en el fuego por Santi Eraso, hablo con Maider López casi a diario sobre su trabajo y otras cosas, la semana que viene nos vamos de vacaciones con Arantxa Mendiarat, Leticia Orue y Pascal, discuto mucho con Iñigo Cabo (pero nos queremos… a no ser que él diga lo contrario), me encanta que María ptqk ahora trabaje con nosotros, soy más consciente de las cuestiones de género gracias a la influencia de Pripublikarrak, de vez en cuando me tomo unas cervezas con Asier Pérez e Ixiar García, etc. Puedes verlo como un defecto o una virtud -da igual-, para mi es una suerte.
Eso no significa que no sea crítico con ellos/as y que me muestre condescendiente. Al contrario, como estoy más comprometido y tengo más relación con ellos/as, tengo la confianza y el interés para llegar a cuestiones o situaciones en las que no me pondría con otras personas. Es cierto que este es un ejercicio que se hace más en privado, pero creo que cuando he ocupado o dirigido espacios de representación (no excesivamente relevantes), siempre he tratado de ser lo más objetivo y coherente posible, intentando no hacer un mal uso de una determinada posición de “poder” (está claro que puedo haberme equivocado en más o menos ocasiones).
31. Saioa | 9 Agosto, 2007 a las 8:36 pm
Considero que la crítica es un juego de poder que da legitimidad a unas/os y otras/os se lo quita, pero sobretodo da poder a quien la emite (y si es negativa más aún ya que si estás negando algo te estás colocando por encima de ello).
Hay críticas constructivas y críticas que sólo sirven para que determinadas personas se erijan en poseedoras de la verdad, una verdad muchas veces planteada con bastante poco relativismo.
Pienso que en general a todo el mundo le cuesta recibir críticas negativas (sobretodo si son cosas que te importan). En ocasiones son los propios críticos los que se asombran de que sus opiniones causen reacciones adversas, lo cual no deja de ser paradójico.
Al final creo que la falta de crítica está íntimamente unida a la necesidad de querer y ser querido. Y a veces también la confrontación se convierte para algunos en una manera de relacionarse con los demás.
32. niñabonita | 9 Agosto, 2007 a las 8:47 pm
Ricardo:
Has nombrado la palabra “poder”. Perteneceis a una generación que ha ido a grupa de la ola de la información, bienaventurados, parece que vais tocados con la verdad, Sala Reklade se transmuta en regio fortín, Bilbao Arte se desahace por daros salida a vuestros lenguajes, KREA, Arteleku, etc. magníficos centros de arte, puntos de referencia. Os habeis hecho con el poder. Estais con el poder institucional, habeis partido peras con los que pagan, las instituciones públicas.
De otra parte, el resto del arte al que me acerqué pensando en llegar a la excelencia, no es más que un solitario páramo, donde la inmensidad del arte marchita.
Tu dices que no he hecho nada, la verdad es que me da miedo meter la mano en esa caja de víboras, evidentemente esta cobardía no es algo de lo que deba enorgullecerme pero es lo que hay. Prefiero seguir siendo una espectadora anónima y seguir apoyando las iniciativas que me interesen, que por supuesto, son contadas.
33. ptqk | 9 Agosto, 2007 a las 11:34 pm
Sólo un apunte a niñabonita:
No creo que este foro sea “un cotillo reducido” porque sólo estemos escribiendo unos pocos.
Los espacios de opinión son de todo el mundo. Este foro te pertenece a tí tanto como a mí o a Ricardo o a cualquiera que pueda acceder a él. Y por el simple hecho de que estemos aquí discutiendo ya tiene un valor en sí mismo.
Además, por la experiencia que tengo con los blogs (como editora de varios y participante constructiva o bocazas impertinente en otros muchos) sé que, cuando cuatro chalados se ponen a discutir en uno, lo lee mucha gente.
Francamente si pensara que no tiene ningún interés no me molestaría en escribir. Y supongo que tú tampoco, porque desde luego tonta no pareces.
34. Ricardo | 10 Agosto, 2007 a las 9:14 am
El miedo es un sentimiento legítimo, contra el que es muy difícil ir.
Tenemos miedos muy diversos y a muchas cosas, racionales e irracionales.
El miedo paraliza y por eso, en muchas ocasiones se convierte en herramienta de control del poder o de quienes aspiran a ostentarlo.
Pero tenemos que ir contra nuestros propios miedos y tratar de superarlos para ser más libres.
P.D. Probablemente ni hay tantas vivoras en la caja, ni son (somos) tan venenosas.
35. Iñaki Larrimbe | 10 Agosto, 2007 a las 9:53 am
Parece ser que se ha creado debate aquí… Aunque al final siempre hablamos un poco de lo mismo ¿no? No sé quién ha dicho por ahí que no la crítica no existe porque no existe la sinceridad. No se escribe con las tripas, está claro. Ni se crea, ni se gestiona… Quizá ese sea el problema.
Últimamente tengo la impresión de que los artistas juegan a ser artistas. Más que crear arte diseñan arte. Particularmente a mí el arte siempre me ha parecido una herramienta. De carácter vivencial. El arte puede cimentar un buen sistema de vida: te divierte, hace que tu cabeza trabaje, te estimula. En definitiva: te mantiene vivo y consciente.
Porque a mí más que el arte me ha gustado la vida de los artistas. Qué hacían, que pensaban… Buscando siempre un alejamiento de las normas sociales. Un vivir al margen, de otra manera. Pero parece ser que eso ha cambiado. Los artistas parecen funcionarios. O empresarios. Como he dicho en el comentario de arriba los artistas especulan con sus obras: compro, vendo, invierto… De la misma forma que el pequeño y nuevo burgués compra, vende e invierte dentro de sus pequeñas posibilidades.
Nadie critica nada públicamente. Nadie se atreve. Y nadie –o casi nadie- firma lo que escribe en los blogs. Lo curioso es que esto pase en un “país libre”. Entiendo que alguien calle en China por miedo a acabar en un campo de concentración… ¿Pero… aquí? ¿De qué tenemos miedo? ¿De perder una subvención?
36. Ricardo | 10 Agosto, 2007 a las 10:02 am
En referencia a lo que apunta Gabriel en su segundo texto, probablemente, los verdaderos estragos en la más o menos frágil “escena” artística local, el Guggenheim pueda hacerlos si de verdad comienza a fijar sus ojos y sus intereses en dicha escena.
Hasta ahora podíamos quejarnos de como el Museo recibe gran parte de su presupuesto de los departamentos de cultura en vez de turismo o industria de nuestras instituciones, de cómo centraliza la práctica totalidad de los presupuestos de mecenazgo empresarial, de su plana programación y su peculiar política de compras para la colección, de la precarización laboral bajo la que somete a muchos/as de sus trabajadores/as (prestadores/as de servicios, que incluso se sienten “bien pagados/as”, porque una limosna parece una buena paga cuando no tienes más), de cómo nos ha “descubierto” la cara más salvaje de la instrumentalización de la cultura por el neoliberalismo (quizá esto tiene mucho que ver con lo que comentan ptqk y Larrimbe sobre como estamos excesivamente “profesionalizados/as” para poder ser, más que intelectualmente más ambiciosos/as, subversivos/as), de lo pornográfico que resulta clausurar la sala más grande del Museo para transformarla en un hangar para almacenar las piezas de Serra, porque se es incapaz de gestionar una programación para esa sala de un modo económicamente sostenible…
Pero es que ahora parece que el Guggenheim se plantéa “intervenir”. Por iniciativa propio o por imperativo político (lo desconozco) quiere ser partícipe de esa “escena”. Y sólo con saber un poco sobre como está operando a nivel contractual con quienes tienen la “suerte” de ir a exponer allí…
Aunque como dice ptqk, quizá centramos demasiado la atención en el Guggenheim para evitar otras cuestiones más incomodas y de fondo. Probablemente según se dice en varios de los últimos comentarios, en algún momento deberíamos decidirnos a correr el riesgo de nadar (o bucear) sin guardar la ropa, Porque a fin de cuentas, tampoco pasa nada por tener que volver a casa en pelotas.
37. Galder Reguera | 10 Agosto, 2007 a las 11:09 am
Niñabonita,
Por supuesto que si dejara de escribir no pasaría nada. Tampoco si dejara de vivir. Nada cambiaría, el mundo seguiría girando sobre sí y el sol saliendo y poniéndose cada día. Pero al igual que esto no me incita al suicidio, tampoco dejo de escribir. Uno ha aprendido convivir con su condición de ser muy poca cosa.
En cuanto a que nosotros somos los que nos leemos mutuamente, si te refieres a este foro, yo estoy hablando con Ricardo, con nadie más. Lo hago aquí porque aquí ha publicado Ricardo el texto. Si alguien lo lee, estupendo. Si no, pues también.
Finalmente, yo siempre firmo lo que escribo. También en los blogs. Agradezco, en la misma medida, saber con quién estoy hablando.
Ricardo,
Comprendo lo que comentas de tus amistades. Es bueno tener amigos y es normal que parte de éstos pertenezcan al mismo entorno profesional en el que te mueves. Obviamente, cuando yo he hablado o escrito sobre amiguismos y discursos interesados no me refiero a eso. Me referiría si, por ejemplo, tú fueras crítico de arte y dieras más valor a aquellos que son tus amigos que a los demás. También me referiría a ello si tú fueras un comisario e hicieras una selección en la que solo aparecen amigos tuyos. Desgraciadamente, estas cosas pasan, y pasan aquí y hoy. Y ante estas actitudes no hay más reacción que un silencio generalizado.
En tu caso como editor de una revista, creo que al ser un medio privado, eras absolutamente libre de incluir en ella lo que te viniera en gana. Yo tu revista la he visto siempre como una propuesta libre y de iniciativa privada, y, en ese sentido, siempre me ha parecido respetable la elección por unos u otros temas, por uno u otro enfoque, y que la selección de quiénes aparecían o no en ella. Otra cosa es que crea que en ella había, en lo referente al arte contemporáneo, cualquier cosa menos un enfoque crítico. Como ya te he comentado, desde mi punto de vista, era precisamente todo lo contrario. La crítica para con las cosas que aquí se hacían brillaba por su ausencia. Por eso me sorprende que ahora hables de la necesidad de una crítica, cuando mientras has tenido la oportunidad de fomentar activamente esa actitud no lo has hecho. Pero esto es otra cuestión, porque, además, creo que eras libre de elegir la línea editorial que te viniera en gana y de hacer ahora cuantos brindis al sol quieras.
En cuanto a que tienes una mayor comprensión del trabajo de esos creadores que son amigos tuyos, es posible. Aunque también es posible que precisamente ese “cariño” que dices te ciegue en ocasiones. Dices que ejerces la crítica en “privado”. Pero sería diferente si tu trabajo fuera hacerla “en público”, que es precisamente la labor de un crítico de arte. En ese caso, te encontrarías en una difícil tesitura. Qué elección tomaras te definiría como crítico.
Por otro lado, quizá no me haya explicado bien cuando hablaba del precio que ha de pagar un crítico en el caso de los artistas. El problema no es que puedas caer bien o mal. Ser simpático a otros es algo que a mí me la trae al pairo. El problema es que cuando hablas bien de un artista el elogio es debido, mientras que cuando hablas mal, censuras algo, difieres de opinión, se pone en duda tu legitimidad para elaborar un juicio.
Tampoco me importa ser reprendido. De hecho, agradezco los comentarios discrepantes para con mis textos. Otra cosa son los modos en que esa discrepancia se pone en juego. En mi caso, muy poca gente me ha censurado un texto. Más bien se han dedicado a atacarme por la espalda, a través de terceras personas. Por ejemplo, después de mi “sensacionalista, burdo y mal informado artículo” las redacciones de todos los medios en los que colaboraba se hartaron de recibir llamadas de determinada gente exigiendo que no me publicaran más. Obvia decir que esos que llamaron no habían leído nada de lo que había publicado antes, ni nada de lo que he publicado después. Mal que bien, yo había hecho un juicio crítico y la respuesta generalizada no fue sino un intento de coacción.
Obviamente, tampoco escribo desde la “verdad”, ni siquiera desde “mi verdad”. En este sentido, tengo (más bien he recogido del filósofo Richard Rorty) un concepto mucho más abierto de la verdad que la de correspondencia con los hechos. Creo que la verdad es una construcción grupal que compete a una comunidad de indagación determinada. Pero claro está, para que esa verdad sea construida, cada uno de los miembros de esa comunidad ha de mostrar sus cartas sin ambages, tiene que dar su opinión real sobre el tema en cuestión. Y esto es algo que, en nuestro campo, tan dominado por intereses, no sucede.
En cuanto a que te releguen al ostracismo… pues es algo que sucede hoy y aquí. Pero me voy a ahorrar explicar en este caso mi experiencia personal.
Saioa,
La crítica, como ejercicio grupal sí tiene poder para legitimar o deslegitimar a un creador. De hecho, esa es su función básica, además de mostrar lo que se podía definir como las condiciones de posibilidad de las creaciones, sus presupuestos, potencialidades, etcétera. Pero a nivel individual (el crítico), no es así. Un crítico elabora una visión personal, que posteriormente puede ser refrendada por otros, descartada, matizada, etcétera. No ostenta ningún poder efectivo, más que el de su propia palabra. Algo queno le diferencia de cualquier otro sujeto activo y que, en cualquier caso, es un derecho fundamental.
Hay críticas constructivas y destructivas, es cierto, pero creo que a veces, el contexto exige una crítica destructiva, demoledora y, sin ambages. En este sentido, la confrontación no es de por sí negativa. Es más, yo creo que de determinadas personas es mejor recibir una crítica negativa y demoledora que un halago. Por ejemplo, si un día me encuentro con que un personaje tipo Bush o Bin Laden me aplaude por algo que he hecho, me replantearé mi actividad. Si, por el contrario, me califican como indeseable, será síntoma de que voy por el buen camino.
En cuanto a lo de plantear la propia relatividad de las aseveraciones de uno, creo que eso es algo que se presupone y que no hace falta explicitarlo cada vez que se escribe. Por eso los textos van firmados. Comenzar cada frase con un “creo que” o un “desde mi perspectiva afirmo que” no hace sino hacer los textos absolutamente tediosos. Algo, por cierto, que también pasa con los “los/as” que tanto os gustan.
En lo relativo a que los propios críticos se sorprenden o les molesta que se les critique, no es mi caso. Creo que cuando uno publica algo, precisamente lo que busca es la crítica. A veces será positiva, en otras negativa. Es un juego necesario y siempre agradecido. Por ejemplo, a mí no me ha molestado que Ricardo diga que mi texto sobre el arte vasco era sensacionalista, burdo y mal informado. Primero, porque intuía que él pensaría eso del mismo, lo cual ha quedado confirmado y, segundo, porque me da oportunidad a rebatir su visión. Otra cosa es que me pueda molestar que esa actitud crítica que tiene para conmigo (y que aplaudo), no la tenga con respecto a otras personas, a las que dedica halagos gratuitos sistemáticamente. Pero ese es ya otro tema.
Finalmente, en lo relativo a que la falta de crítica tiene mucho que ver en la necesidad de ser querido o reconocido, pues estoy en total desacuerdo, aunque sé que esa clave es la que lleva a muchos a escribir, no la mía. Yo escribo de arte porque el tema me interesa y siento que tengo algo que decir, porque me emociona a veces y otras me indigna. La emoción, vivir el arte, se reivindica sistemáticamente. Yo creo que, en la misma medida, hay que cultivar la capacidad de indignarse, porque cuando ésta se pierde, se disuelve la crítica.
Iñaki Larrimbe,
Estoy de acuerdo en casi todo lo que has comentado. Quizá incluiría un matiz: la vida de los artistas es interesante en relación con su obra, o la falta de ella, en determinados casos de artistas que optaron por la vía del no-hacer. No de por sí.
En cuanto a que nadie critica abiertamente, algunos sí lo hacen, pero es como gritar en el desierto, o hablar con una pared.
Ricardo (2),
“Y sólo con saber un poco sobre como está operando a nivel contractual con quienes tienen la “suerte” de ir a exponer allí…” Por favor, Ricardo, por favor…
“En algún momento deberíamos decidirnos a correr el riesgo de nadar (o bucear) sin guardar la ropa, Porque a fin de cuentas, tampoco pasa nada por tener que volver a casa en pelotas”. Espero con ansias ese momento. Nos reconoceremos, porque los dos estaremos desnudos.
38. Ricardo | 10 Agosto, 2007 a las 12:29 pm
Hola Galder.
Te propongo una cosa.
Para que no estemos tan desinformados el uno sobre el otro y no cometamos tantas imprecisiones en las referencias que nos hacemos mutuamente y sin para ello, tener que dar la brasa al resto de gente que lee el foro, si quieres podemos quedar y tomarnos un café, una cerveza o lo que sea. Desnudos o vestidos, como prefieras.
Yo este fin de semana estoy en Bilbao, luego me voy unos días de vacaciones.
Si quieres ponerte en contacto conmigo, estoy en la oficina hasta las 15:00 (944 158 861) y sino mi mail: ricardo@amaste.com
39. Galder Reguera | 10 Agosto, 2007 a las 12:38 pm
Perfecto, Ricardo. Desnudos, mejor.
40. Iñaki Larrimbe | 10 Agosto, 2007 a las 2:35 pm
Galder:
Claro que “no hacer arte” es una postura respetable. Pero yo no me refiero al arte como práctica. Como algo que se puede hacer y dejar de hacer. Es decir: no veo el arte como una especie de profesión. A mí me interesa el arte –y quizás más últimamente- como postura, gesto, vivencia. Ayer mismo estuve con un amigo hablando de esto. Él se encuentra en Venezuela desde hace un par de años viviendo en un barco anclado en el Caribe. Éste amigo mío era el típico empresario: casa en el campo, trabajo competitivo… Y ayer hablamos de arte. Lo curioso es que siempre, desde hace muchos años, hemos hablado de arte. Incluso cuando él se dedicaba a la pura y dura especulación inmobiliaria. Y lo que nunca… ayer coincidimos en un montón de puntos. Sobre todo en uno crucial: el arte sólo es interesante si te sirve para ser creativo con tu vida. Y hablamos del pensamiento divergente. Algo muy importante para entender el fenómeno artístico. Y para entender qué puede aportar el arte a esta sociedad tan normalizada, estandarizada, global. Y hablo de todo esto porque últimamente estoy volviendo a pensar como hace veinte años. Como en la época en la que unos cuantos fundamos la revista TMEO. Realmente creo que hoy en día un artista, un productor de arte, para que sea considerado como tal, no puede funcionar como un broker. No puede ser. Si el mundo va en una dirección creo que el arte tiene que ir justo en sentido contrario.
Y os pego un texto del gran Cyrano. Escrito hace siglo y medio. Para amenizaros un poco este día de agosto. Y porque viene al caso. En esta escena un pez gordo le acaba de ofrecer a Cyrano un buen trabajo como poeta asalariado. Eso sí: le va a retocar sus versos para que encajen mejor en la Corte. Así que Cyrano rechaza el sustancioso trabajo. Y un amigo suyo, al enterarse de ello, le dice que está loco. Cyrano le contesta:
“¿Y qué tendría que hacer? Buscar un protector, tomar un amo, y como una hiedra oscura que rodea un tronco lamiéndole la corteza, subir con astucia en vez de elevarme por la fuerza. ¡No, gracias! ¿Dedicar, como todos hacen, versos a los financieros? ¿Convertirme en bufón con la vil esperanza de ver nacer una sonrisa amable en los labios de un ministro? ¡No gracias! ¿Desayunar todos los días con un sapo? ¿Tener el vientre desgastado de arrastrarme y la piel de las rodillas sucias de tanto arrodillarme? ¿Hacer genuflexiones de agilidad dorsal? ¡No, gracias! ¿Tirar piedras con una mano y adular con la otra? ¿Procurarme ganancias a cambio de tener siempre preparado el incensario? ¡No, gracias! ¿Subir de amo en amo, convertirme en un hombrecillo y navegar por la vida con madrigales por remos y por velas, suspiros de amores viejos? ¡No, gracias! ¿Conseguir que Servy edite mis versos, pagando? ¡No, gracias! ¿Trabajar por hacerme un nombre con un soneto, y no hacer otros? ¡No, gracias! ¿Hacerme nombrar papa por los cónclaves de imbéciles de los mesones? ¡No, gracias! ¿No descubrir el talento más que a los torpes, ser vapuleado por las gacetas y repetir sin cesar: « ¡Oh!, ¡a mí, a mí, que he sido elogiado por el Mercurio de Francia!»? ¡No, gracias! ¿Calcular, tener miedo, estar pálido, preferir hacer una visita antes que un poema, releer memoriales, hacerse presentar? ¡No, gracias! ¡No, gracias! ¡No, gracias!
Cantar, soñar, reír, caminar, estar solo, ser libre, saber que mis ojos ven bien, que mi voz vibra, ponerme al revés el sombrero cuando me plazca, batirme por sí o por un no, hacer versos… trabajar sin inquietarme la fortuna o la gloria, pensar en un viaje a la Luna, no escribir nunca nada que no nazca de mí mismo y contentarme, modestamente, con lo que salga; decirme: «Amigo mío, conténtate con flores, con frutos, o incluso con hojas, si en tu propio jardín las siembras y las recoges.» Y si, por casualidad llegara al triunfo, no verme obligado a devolver nada al César; guardar el mérito para mí mismo, y desdeñar la parásita hiedra… O incluso, siendo encina o tilo, subir, subir… subir siempre solo, ¡aunque no alcance mucha altura!”
41. Galder Reguera | 10 Agosto, 2007 a las 6:23 pm
Iñaki,
Completamente de acuerdo en todo lo que comentas. Absolutamente. Es más, me hace gracia ver que citas a Cyrano, de Edmon Rostand. Primero, porque cuando decía más arriba eso de “no escribir nunca nada que no rime con mi nombre” es una cita de Cyrano. Pero, sobre todo, porque creo que es lo que hace falta hoy: un Cyrano que le diga al gordo de Montfleury que o se baja del escenario o lo baja a patadas, que devuelva el dinero al público (¿Cómo vas a aguantar este mes? / Con lo puesto / ¡Tirar así el dinero! ¡Qué idiotez! / ¡Y qué gesto!), y al que le traiga sin cuidado si lo que dice contenta o enfada a los demás (Oh, amigo, si supieras lo bien que se camina entre miradas de odio y murmullos de inquina…).
42. Iñaki Larrimbe | 10 Agosto, 2007 a las 9:01 pm
Galder:
Cyrano, el personaje de Rostand, no tiene desperdicio. Jajaja. Sí, el gesto estético de Cyrano como espectador devolviendo el dinero al resto del público para que no éste no tenga que sufrir viendo esa patochada de actuación es sublime. Y tanto más cuanto que ese dinero era todo su estipendio mensual. Ese tipo de gestos se echan en falta hoy en día…
Enzensberger, en una recopilación de textos publicados en prensa, decía que los Museos y Centros de Arte actuales funcionan porque tienen que llenar sus programaciones con algo. Es decir: el artista existe porque hay que llenar las salas de exposiciones de los Museos. Primero se crean los Centros de Arte y Cultura y luego se programa porque hay que justificar las inversiones realizadas. Y yo diría más: existen Museos y Centros de Arte porque hay políticos que necesitan inaugurar algo. Lo que sea. El único evento social –lo de cultural es lo de menos -que permite al político tener una presencia efectiva, dejarse ver, tomarse unas copas, salir en la prensa… es la inauguración. Los cuadros y las esculturas, además, no meten ruido. No molestan demasiado. La inauguración es la gran vedette del mundo del arte. Es un buen invento. El arte es el pretexto, el adorno. Quizá Cyrano no entendió algo: que al público le daba igual la representación del gordo del Montfleury. Parte del público, los del palco de arriba, los nobles, quieren dejarse ver y que se les vea. Y otra parte, el público de abajo, la plebe, acude al teatro para admirar a los del palco de arriba. Lo de menos es la actuación. Es la excusa. No hemos cambiado tanto…
43. Galder Reguera | 10 Agosto, 2007 a las 9:55 pm
Iñaki,
De nuevo 100% de acuerdo.
44. Iñaki Larrimbe | 11 Agosto, 2007 a las 12:22 pm
Entonces estás más de acuerdo con lo que digo que yo mismo. Yo nunca paso del 70%… Gracias.
Un par de reflexiones más… Alguien decía por ahí arriba que el problema no estribaba en el Guggenheim a la hora de valorar la exposición comisariada por Moraza, y que incluso en un espacio alternativo la muestra hubiera sido también fallida. Está claro que hoy en día “exponer” sigue siendo uno de los platos fuertes del sistema del arte. Producción, exposición, difusión, son los pilares de este universo. Habrá que criticar entonces como se producen, como se exponen y como se difunden las propuestas que surgen en nuestro entorno. Una vez más pienso que para llevar a cabo un proyecto interesante, sea en el campo del arte o en cualquier otro, hay que “sabe”r, “querer” y “poder” hacerlo. Para “saber” hacen falta conocimientos y experiencia ¿El Guggy los tiene? Para “querer” se necesitan ganas de hacer ¿Quiere el Guggy realmente intervenir en nuestro entorno local? Y para poder hay que tener infraestructuras, financiación, contactos… El Guggy en cuestión de “poder” no tiene problemas. Pero hagámonos nosotros esas tres preguntas… ¿Qué sucede? Una vez más es una cuestión de empoderamiento. No tenemos poder. Por eso una vez más, nos encontramos con un problema a la hora de estructurar las relaciones de poderes. Como decía Foucault. Por eso creo que hay que exigir que los sistemas cambien. Que los poderes se compartan. Que las gestiones sean participativas, horizontales. Que sean más actuales. De verdad, siempre que establezco contacto con Museos o Centros de Arte me parece que viajo en el tiempo. Hacia atrás. Sí, obras muy modernas, actuales. En un marco muy minimal, muy cool. Pero todo lo demás, el funcionamiento, me parece premoderno.
45. Aimar Arriola | 11 Agosto, 2007 a las 5:31 pm
Ricardo (…Ritxi…),
Hace unos pocos días que volví de vacaciones y me topé con tu enérgico (y reflexionado) texto. Aunque soy consciente de que me incorporo tarde a la discusión (y de que seguramente no voy a ser capaz de recuperar el ritmo), hoy me he decidido a intervenir brevemente (a pesar de haber afirmado ante alguno de los aquí firmantes mi intención de no participar por mi directa implicación en el tema). A modo general, creo que son muchas las causas de esa ausencia de crítica pública que reclamas: desde el triunfo del individualismo y la desaparición de cierto sentimiento de pertenencia, al hartazgo y saturación imperante (y que yo mismo padezco), pasando por el relevo generacional en el perfil de los responsables y colaboradores de los medios desde los que tradicionalmente se ha ejercido la crítica, y su consiguiente cambio en las formas de hacer (llámalo sofisticación). Personalmente no definiria mi labor desde la escritura en medios como Mugalari u otros como crítica (al menos no como género), sino como una práctica hibrida, entre la mera difusión y la puesta al día, que funcionaría a diferentes velocidades e intensidad variable; una postura más cercana a ese estilo ‘descriptivo-razonado’ que mencionas, con un posicionamiento claro respecto a los temas que cubro, y cuyos resultados quizás no sean tan inmediatos, pero que en calidad de comisario defiendo como estratégica. En el caso concreto que planteas, la (dificil) posición que ocupo simultáneamente como agente que opera desde dentro y fuera de la institución (sabes que he sido protagonista de muchas de esas micro-historias que mencionas), no me ha permitido distanciarme lo suficiente para realizar un diagnóstico fiable de que es lo que ha ocurrido (y está ocurrido), pero aún a riesgo de parecer inocente, estoy de acuerdo con Juan Luis (y esto ya lo hemos discutido internamente) cuando apunta que quizás en esta ocasión estemos siendo testigos de una digestión más lenta, cuyos resultados se verán a medio plazo (aunque no sé si lo llamarlo signo de maduréz, porque que aún haya gente que se esconda bajo un ‘nick’ para opinar en un foro como este me parece ridículo).
Siento no tener tiempo (ni energia para más) pero seguro que habrá próximas oportunidades, (ya sea en los foros de Juan Luis en el museo, el seminario de Iskandar en Abisal, o la barra de cualquier bar), para seguir discutiendo el tema.
Saludos
aimar
46. Ricardo | 13 Agosto, 2007 a las 9:14 am
Hola Aimar.
Nunca es tarde para incorporarse al debate y así ampliarlo y diversificarlo. Además, se agradece tu participación, teniendo en cuenta que trabajas en el Guggenhein y que has participado directamente en Incógnitas.
Sólo un apunte. Confío plenamente en las estrategias y efectos a medio y largo plazo, por eso me gustaría poder creer en este caso en lo de las “digestiones lentas”, pero me hago dos preguntas:
¿Sabemos qué nos estamos comiendo?
¿Puede un glotón devorador, por una vez, degustar y masticar los alimentos para propiciar una digestion lenta?
47. Tyler Durden | 13 Agosto, 2007 a las 9:24 am
Soy el 30% del cerebro en desacuerdo con Iñaki Larrimbe.
48. Iñaki Larrimbe | 13 Agosto, 2007 a las 1:53 pm
Cada uno defiende sus posturas como puede. Pero después de años y años escuchando explicaciones de todo tipo, de políticos, gestores… siempre se me queda un acre regusto. Y me acuerdo de un párrafo de Ortega y Gasset:
“… el pensador tiene que extremar para sí propio el rigor metódico cuando investiga y persigue sus verdades, pero al emitirlas y enunciarlas debe huir del cínico uso con que algunos hombres de ciencia se complacen, como Hércules de feria, en ostentar ante el público los bíceps de su tecnicismo”
En el sistema del arte, hoy en día, el que tiene buenos bíceps es el que puede parapetarse detrás de ciertas posturas adulteradas e ilegítimas. Lo siento: el arte no es, ni deber, ser un espectáculo. Ni es, ni debe ser, un recurso económico.
Existen verdades, verdades taxativas. Incluso en el mundo del arte.
49. Ramón Churruca aka Negruri | 13 Agosto, 2007 a las 8:24 pm
¿Qué es lo que a mí me da miedo? Pues pasar de la independentzia de España para pasar a la dependentzia del PNV ni más ni menos…A mí la exposición me parece una obra/ensayo de Juan Luis Moraza, una cartografía según SUS criterios, en la que, en mi caso particular, ha tenido la cortesia de incluir mi nombre y una obra en video después de AÑOS de ninguneo oficial, silencio crítico, petardeo travesti conceptual vacío, condescendencia graciosilla de artistas de mi época, invisibilidad total para las nuevas generaciones y yo que sé que más cosas sin caer en el lloriqueo privilegiado desde mi posición de “Pijo de Las Arenas” que “está loco y hace unas performances muy malas” he tenido ocasión de ver actuaciones sociales de los falsos discipulos del parásito de Oteiza y su traje de Nuevo Emperador Txomin Badiola, o sea Jon Mikel Euba, Gaueka (el vacío más absoluto), Arakis, Ana Laura Petardez y cia, que dejarían en agua de borrajas la actitud más snob de la vieja más decrépita de Neguri y encima nos han hecho querer creer que esta gente nos representa a los demás artistas vascos por el “éxito” y el reconocimiento que han disfrutado. Pues bueno, señores y señoras, SAFI GALERI existió por mucho que se haya tapado la versión oficial y me emocionó ver el nombre escrito en la pared…a mi me da asco que mi nombre en letra pequeña (”El tamaño de la letra importa”) esté junto a mucha, muchísima de esa gente en la pared del Guggenheim porque a mí a parte de Abigail Lazkoz y BADA no me interesa la obra de casi ninguno de los/las que aparecen allí pero ahí estamos (casi) todos/as…lo mismo espero que al club de tontos heterofobos maricones snobs les joda que aparezca mi nombre, no esperaría otra cosa!!! ¿qué esto es muy patético?…pues claro!!! y de eso se trata sino que se lo digan a la mujer del ertzaina que matarón para bautizar al Guggenheim ¿os acordais?…yo he sido el primero en apuntarme a criticar al Museo Guggenheim de la manera más horrible que se pueda creer y en cuanto me llamarón salté como un perrito faldero para apuntarme a la movida ¿por qué? porque el resto de cabrones y cabronas vendedores/as de humo no me ha hecho ni puto caso exceptuando a Gabriel Billota, Itxaso Díaz, MEM, Abisal y Safi Galeri (y perdonar los que olvide en éste speech)…y ahora mi nombre y apellido están allí CON UN VALOR SIMBÓLICO en una exposición que no entiende nadie más que el submundo del arte vasco y los nominados/as ó sea de consumo propio y que permite al Guggenheim lavarse las manos de estos diez años mientras prepara la exposición de LOS/LAS ELEGIDAS en Octubre que ya no son tantos/as sino sólo 7…SIETE… pero que me permite mandaros a la puta mierda más grande del Agujero Negro que ha sido siempre el que será padre de vosotros, no mío, Oteiza. ¿Cual podría ser la diferencia entre esta gente y yo? que he procurado ir a ver todas las exposicionesy todos los videos de esta gente y en cambio a ellos/ellas JAMÁS les he visto en algo mío. Mira tú donde está el clasismo social tipo Negruri. Por Dios que alguien explote la cabeza de Alaska en plan Scanner y luego se devoren sus sesos y digan QUEEEEE AAAAAARRRTEEE y a mamar pollas que yo lo he hecho un par de veces para probar y no me hizo mejor persona que nadie…dos pequeñas anecdotas para acabar:
Me encuentro con el crítico borracho Javier San Martín..¿Oye por qué nunca escribes sobre nosotros? – ¡Porque sois muy malos!
- ¿Pero si NUNCA has venido a ver algo nuestro como lo sabes?
-POR ESO! …y “esto” es un crítico vasco!!!!
Otro mamón: – Jamás iría a Abisal…es un sitio de cutres!
Teniais que haber visto la cara de Arakis al salir del puto mamoneo qu huho en la inauguración…no podía ni mirarme a la cara! ¿Qué todo esto es muy subjetivo y probablemente sea una chorrada?…joder, para mí como la vida misma!
Quiero aprovechar para dar las gracias a Juan Luis Moraza por haberse acordado de mí y por haber hecho lo que él creía más acertado en una exposición de compromiso para cumplir expediente en ¡¡¡3 meses!!! Cuando alguien me responda, si es que lo hace, recordar la endogamia que existe y que nos conocemos todos y muchos/mucha nos caemos de puta pena y con otros/otras hay buen rollo!!!! En cuanto a si podría haber utilizado un lenguaje de crítico de arte pues claro que podría haberlo hecho para eso me he graduado cum laude en Performance/Video pero es que me la suda como lo haceis quienes ya sabeis. Como me dijo un abertzale hijo de perra “Churruca, sabemos quien eres y donde vives”…alá A JUGAR!
50. Iñaki Larrimbe | 13 Agosto, 2007 a las 9:53 pm
Churruca. Siempre me acuerdo de un happening tuyo en Montehermoso, hace muchos años… Te querían echar por andar desnudo y con una botella en la mano. ¡Menudo lío se montó!
Claro que hay mucha endogamia. Y mucha tontería. Pero no sé quién dijo que el problema esencial, el más importante, es cómo vivimos. Si el arte te sirve para vivir, perfecto. Si el arte sirve para crear espacios de reflexión, o como alguien ha dicho por ahí arriba, para crear pensamiento, bárbaro. Hoy en día eso es primordial. Más necesario que nunca. Y todo lo demás, el sistema del arte, el mercadeo, “las carreras ciclistas de los artistas”, como dice la canción: “…al final sólo envidia y ambición”
Te diría que si te apetece mostrar algo en Vitoria, tienes Zuloa disponible. Cuando quieras. Pero ahora, después de tu participación en la expo de Moraza, habrá subido tu caché… jajaja. Felicidades y un abrazo.
51. Ricardo | 14 Agosto, 2007 a las 8:44 am
Hola Ramón.
Creo que tu texto en gran medida no deja de ser otra vertiente de lo que tus “amigos” denominan “mala(s) forma(s)”, que no tengo nada claro, que ni un caso ni en otro, alcancen lo que pretenden (cuando esa forma se convierte en formalismo, por reiteración y por lo previsible que llega a resultar, nos inmuniza ante sus potenciales efectos).
Quizá sería recomendable ser un poco más transversales y ponernos un poco más en el lugar del otro/a (con las dificultades que eso tiene para gente que nos hemos educado en el frentismo como estrategia vital). Porque probablemente, por ejemplo, ni por un lado, el trabajo de Gaueca sea tan “vacío”, ni por otro, Abisal sea tan “cutre”.
Eso no significa que ahora vayamos a tener que ser todos amigos/as, que no vayamos a estar en total desacuerdo en muchas cosas o que el sistema del arte (en general) tienda al clasismo más rancio y/o neoliberal… Pero, a ver si algún día empezamos a dar pasos hacia otros lugares.
Un saludo
52. Iñaki Larrimbe | 14 Agosto, 2007 a las 12:19 pm
Bueno, Churruca está diciendo que por fin, después de años trabajando desde posiciones marginales, alguien le legitima. Aunque ese alguien sea una infraestructura neoliberal como el Guggenheim. Aunque eso le crea un conflicto. ¿Qué pensarán sus fans?
Y volviendo al tema de este debate… “¿Es el Museo un lugar adecuado desde el que desarrollar y en el que presentar un estudio de esta índole (por las características del Guggenheim como emblema paradigmático) o el lugar, por si mismo, instrumentaliza y neutraliza las posibilidades discursivas del proyecto?”, pregunta Ricardo. Una reflexión: nunca en este país se había invertido tanto dinero público en infraestructuras culturales. Pero, por otra parte, ¿algo ha cambiado? ¿Se produce más conocimiento? ¿Se genera más pensamiento crítico? ¿Las multitudes se agolpan en las plazas de los Museos para debatir sobre arte? Algo falla. ¿Asumen los Museos en su discurso lo que en ellos mismos se expone? Deberían de colgar un cartel en sus puertas: “El Museo no se hace responsable de los contenidos expuestos” Me parece ver una gran contradicción en la exposición de Moraza en el Guggy. Quizá su acierto sea mostrar esa contradicción.
Todas las grandes infraestruturas culturales –y ahí los directores, gestores, trabajadores en general- deberían de dar un salto sobre su propia sombra. Si desde dentro se generara un pensamiento autocrítico el arte podría hallar su objeto. ¿Cuál es el objeto del arte? Creo que todos lo sabemos. Todos menos los patronos de los Museos y Centros de Arte.
No hay mayor síntoma de madurez en cualquier sistema que revisar sus principios. Los Museos deberían de revisarlos. Y muy profundamente. El nivel de cualquier Centro de Arte se debería de medir por la dosis de escepticismo, de duda, que es capaz de digerir, de asimilar. Y ahí suspenden, ahora mismo, todos.
53. Galder Reguera | 14 Agosto, 2007 a las 5:34 pm
En cuanto a la exposición de Moraza, resulta difícil elaborar una crítica, cuando él mismo publica una carta como la de El Correo. Sin embargo, quizá la mayor crítica que se pueda hacer a la misma, en lo referente a contenidos, pueda ser que éstos se quedan en un puro nominalismo. Ciertamente, parece haber partido del marco de reconocimientos que él mismo cita de Alan Bowness, o del que dibujara el esteta norteamericano George Dickie (“El círculo del arte”). El problema de estos marcos, no obstante, es que dejan de lado la posibilidad de cualquier juicio de valor, algo que yo considero que es fundamental en la cuestión del arte contemporáneo. En este sentido, desde mi punto de vista, para realizar una ensayo (tal y como Moraza define su exposición) no bastaría, en ningún caso, con limitarse a una mera exposición de hechos, o en este caso, de nombres. Es necesario dar un paso más y atender al “por qué” de los mismos. Es necesario elaborar una “explicación” del fenómeno. Esto es lo que no hace Moraza quien al intentar dar una definición omniabarcadora del arte vasco, solo describe, descubre, su esqueleto.
En este sentido, las inclusiones y omisiones, y las diferencias entre las tipografías a la hora de añadir el nombre de los artistas en las paredes, las cotas de altura que establece, sólo nos sirven para entender qué artista está más o menos reconocido, cual disfruta de un mayor o menor estatuto otorgado por los demás. Pero no la razón (y lo razonable) de ello, una cuestión, en cualquier caso, fundamental.
Por otro lado, como comentaba en un reciente artículo, creo que para que una teoría del arte como las de Dickie o Bowness estén completas, no sólo habrán de abordar la cuestión de qué filtros de reconocimiento ha de pasar un objeto cualquiera para ser considerado arte, sino que, del mismo modo, deberán responder la mucho más compleja pregunta de qué círculos de des-reconocimiento ha de pasar una obra para “dejar de ser arte”. Decía esto porque me temo que las teorías del arte del estilo de las de Bowness y Dickie deben mucho a las teorías sociales de la ciencia, sobre todo al Thomas Kuhn de “La estructura de las revoluciones científicas”. Pero la diferencia estriba en que al ser la idea de Kuhn la de explicar los cambios de paradigma en la ciencia (un momento histórico de tensión entre teorías rivales e irreconciliables), aborda necesariamente la deslegitimación de teorías y las razones de este fenómeno (en muchos casos, acientíficas). En el caso de “Incógnitas”, para que el mapa deviniera algo realmente interesante (y no se quedara en un mero señalar con el dedo una realidad que ya conocíamos), creo que el trabajo futuro sería tanto la ampliación de nombres (que probablemente matizaría ese giro a la parte inferior izquierda del mapa), como el de supresión de otros. Está bien en principio porque señala (casi) todo lo que está, pero no debemos confundir “lo que está” con “lo que es”. Hacer esto, espero que se me permita el ejemplo, es como confundir un científico con alguien que realiza teorías sobre la realidad. Entre los primeros están Albert Einstein y Max Planck, entre los segundos, se incluyen también Paco Porras y Aramis Fuster (quienes ciertamente, partiendo de los vegetales y de las cartas de Fournier elaboran teorías sobre la realidad). Y este quizá sea el mayor problema que, se me antoja, presenta la exposición. La falta de un criterio crítico que diferencie lo que está (está legitimado en el arte vasco) con lo que es (es arte, y, accidentalmente, vasco), los Planck de los Porras. Obviamente, si se elaborara el mapa bajo este criterio, la muestra sería incompleta. Pero la asunción de lo parcial, incompleto, fragmentario, de la visión de uno no es una tara, sino una virtud. La omnisciencia es un atributo exclusivo de Dios. Pretender ostentarla, una herejía.
Aimar,
Creo que la crítica no se puede limitar a una mera descripción de hechos. Describir un estado de cosas no es comprenderlo. En este sentido, como señala el filósofo de la ciencia David Deutsch la función de las teorías es la de aportar “mejores explicaciones y solucionar problemas”. En este sentido es en el que entiendo la práctica de la crítica de arte (llámala como quieras, los nombres sólo son nombres).
En cuanto a la inmediatez de los resultados, yo creo en eso que Hal Foster definió como “acción diferida” cuando se preguntaba si las “Las señoritas de Avignon” “¿Surgieron acaso como la cima de la pintura moderna por la que ahora pasan?” y se responde “Obviamente no. […] El status de Les Demoiselles es un efecto retroactivo de innumerables respuestas artísticas y lecturas críticas”. Pero creo que esa “acción diferida” no es una cualidad de los textos, ni de las obras de arte, ni de ningún objeto, sino una formulación de los juegos de consenso/disenso que se dan en cualquier ámbito de reflexión. Pero para que este movimiento de acción diferida se ponga en marcha, el juego de disensos y consensos comience, el texto ha de invitar a ello. El problema, creo, es que demasiadas veces el crítico evita la confrontación de ideas para evitar problemas (del estilo de los que he hablado en un anterior comentario). De este modo, toda posibilidad de que el mundo del arte gire, se cercena desde el principio.
Iñaki,
No entiendo, de verdad, que hables de una contradicción en la expo de Moraza en el Guggenheim. No termino de ver dónde reside esa contradicción. Creo, por otro lado, que hay demasiados prejuicios con respecto al Museo Guggenheim y, porqué no decirlo, un ninguneo sistemático hacia otros espacios cuando se habla de la necesidad de que el Guggenheim se implique en la escena local.
Por otro lado, creo que exiges demasiado a los museos. No creo que fomentar actitudes críticas sea labor (al menos exclusiva) de los museos. Tampoco creo que sea deseable que la gente se pegue por entrar en un museo. En cuanto a si genera más conocimiento, yo voy a decir una cosa que probablemente en este foro sea políticamente incorrecta, pero creo que tener el Museo Guggenheim en Bilbao a mí, particularmente, me ha servido en ese sentido. Al menos para ahorrarme algo de dinero viajando a otras ciudades a ver exposiciones que han estado aquí y que si no hubieran estado habría acudido a verlas a otras ciudades. Por otro lado, tener aquí el Guggenheim me ha permitido también poder visitar en varias ocasiones, digerir en varias etapas, exposiciones que me han interesado y que de estar en otras ciudades habría tenido que “consumir” (esto es, visitar en dos o tres horas como máximo).
Podemos discutir largo y tendido sobre lo que ha supuesto el Museo Guggenheim a todos los niveles, y probablemente haría numerosas críticas al mismo, pero tengo claro que en una valoración general, el proyecto del Museo ha sido y está siendo muy positivo.
54. Ricardo | 14 Agosto, 2007 a las 6:46 pm
Es cierto que exigimos en exceso a los museos y otras instituciones artísticas (probablemente porque delegamos en ellas gran parte de las responsabilidades que nos da miedo asumir).
Del mismo modo que es frustrante nuestra relación con muchas entidades y personas de cualquier otro ámbito ¿por qué no iba a serlo con el mundo del arte? Incluso más frustrante aun, porque en algún momento hemos llegado a pensar que el arte era algo “diferente”, cuando no es más que un reflejo (más o menos deformado) del mundo del que formamos parte.
Siendo conscientes de esto, probablemente nos llevemos menos desilusiones y podamos ser, quizá menos heroicos/as, pero más operativos/as.
55. Isabel de Naverán | 15 Agosto, 2007 a las 11:08 am
Ricardo, Ritxi, no estoy de acuerdo contigo cuando dices que el arte es un reflejo deformado del mundo. Si el arte es un reflejo, entonces cualquier actividad o experiencia también lo sería. Comparándolo con un espejo deformado de lo otro (el mundo) es cuando estás presentándolo como algo “diferente”, y yo no pienso que lo sea, el arte es parte de ese mundo, y no su reflejo.
En la conferencia que dio el año pasado en Goldsmith, Rancière dijo que a menudo los artistas tenemos ganas de salir fuera y hacer algo, como si salir fuera implicara hacer algo REAL. Pero esa concepción de lo real como algo que ocurre fuera del arte, dijo, no es sino afirmar lo que él llamo “el fanatismo de lo real”, la imposición de un único real posible, que determina quienes tienen capacidad de actuar.
La exigencia a los museos es parte del rol que asumimos cuando, como dices, no asumimos nuestras propias responsabilidades. La responsabilidad del artista no es interpretar el mundo, sino cambiarlo. Y cambiarlo significa cambiar también la manera en que las cosas cambian.
Pienso que esta exposición, pese a la crispación que en principio está generando, está sirviendo para que cada cual reflexione sobre su posición individual respecto a la (inexistente) “comunidad artística”.
Leer este foro (sin participar escribiendo), ir a ver exposiciones de otros (Churruca decía algo al respecto), observar que se siente o piensa ante la exposición de Moraza.. son también maneras de actuar y de cambiar lo que tenemos delante.
56. Isabel de Naverán | 15 Agosto, 2007 a las 3:33 pm
cambiar la manera en que las cosas cambian..
no es solamente posibilitar que expongan sus trabajos personas que han sido mantenidas “al margen” y tampoco es criticar más con nombre y apellidos, aunque puede ser un paso.
Para mí, cambiar la manera en que las cosas cambian implica crear nuevas estructuras donde los artistas y las artistas puedan decidir sobre cómo son estas estructuras, donde sea posible el intercambio (este foro puede ser un ejemplo, aunque tímidamente), donde el disenso no sea entendido como crispación sino como una oportunidad para repensar cómo han sido creadas estas estructuras. Los críticos podrían comunicarse más y mejor con los artistas y con sus procesos creativos (estoy segura de que esto sucede, pero no siempre).
Algunos sabéis que yo estoy más relacionada con el ámbito y la gente de danza y performance y, aunque también son escasos, existen plataformas que permiten este intercambio/creación de espacios del que estoy hablando.
Uno de ellos es PA-F (performing arts forum) un castillo en Reims (Francia) que el coreógrafo Jan Ritsema compró y que ahora sirve para acoger proyectos en residencia y reunir artistas, y que está basado en principios de “código abierto”. Un lugar donde se comparten metodologías de trabajo y que está abierto a artistas (y no artistas) de cualquier disciplina. Este es el enlace:
http://www.pa-f.net/
lo interesante de PA-F es que es un lugar que se auto-regula a través de la práctica de las personas que participan en él.
Otro enlace interesante es International-Festival, que no es un festival, sino una página web con textos, reflexiones, vídeos, etc que propone una relación entre arquitectura y performance. El enlace es:
http://www.international-festival.org/
Así que, más que quejarnos sobre lo mal que lo hacen las instituciones, me parece más interesante pensar de qué manera podemos “inventar” otras formas de relacionarnos, y de prestar atención a cómo son nuestros métodos de trabajo y de colaboración (si la hay, aunque es poca).
Creo que ha habido varios intentos por este lado (la fundación rodriguez, arteleku, anti- como lugar de encuentro, entre otros, y este mismo foro están ayudando a que esto comience, o así me gusta pensarlo)
57. Iñaki Larrimbe | 15 Agosto, 2007 a las 3:42 pm
Galder:
Creo que hablamos lenguajes distintos. Y creo que, una vez más, damos vueltas y vueltas entorno a ciertas problemáticas del sistema del arte, pero sin abordar el meollo del asunto. Todas las ciencias, las sociales, las formales, tienen su objeto, su razón de ser, bien delimitada. Vivimos en un mundo en el que el conocimiento está compartimentado, especializado. Y lo interesante del arte es precisamente su falta de objeto concreto, su transversalidad. Es un instrumento que sirve para trazar puentes entre diversas islas de pensamiento. Hoy en día los artistas son los únicos que poseen una visión global, sintética, de este mundo tan fragmentado en el que vivimos. Qué quieres que te diga Galder: a mí el Guggenheim no me ha aportado nada de eso. Cero. La posibilidad de ver “grandes obras”, millonarias obras, es algo que nunca me ha interesado. Quizá cuando tenía dieciocho años me pirraba por ver un Serra. Por no hablar de las motos expuestas, o los trajes de tal o cual modisto. Difundir el arte como un objeto de contemplación, como una especie de fetiche al que hay que adorar después de pagar una entrada, me parece, hoy en día, algo perteneciente a un pasado muy remoto. Y el Guggemheim como fuente de inspiración… para eso está la vida. Pero esta crítica, que no es mía, a los Museos (ya los impresionistas querían quemar el Louvre) está tan superada históricamente que no creo que merezca la pena argumentarla aquí. Es más: la realidad está colocando al Guggenheim en su sitio. Porque esa forma de entender el Museo, como contenedor de obras maravillosas, ha dejado paso a otros modelos mucho más interesantes. Podríamos hablar de los Centros de Arte de segunda y de tercera generación. Pero aún y todo -y no lo digo yo- esos modelos todavía tienen que evolucionar mucho más. Para poder recoger las nuevas problemáticas que se plantean desde las artes. Por lo pronto el Guggenheim ha obviado siempre la realidad donde se ha instaurado. Cuando ahora mismo, la nueva “glocalidad”, el entender el arte como “un trabajo de campo” -es decir: dentro de un territorio-, el entender el arte como una creación social y no individual… son conceptos que están empezando a asumir los nuevos Centros de Arte. Y creo que la exposición de Moraza deja constancia de eso. De lo alejado que el Guggemheim ha estado de la escena local.
Ricardo:
A los Museos hay que exigirles y pedirles todo. Porque son infraestructuras creadas y mantenidas con nuestro dinero. Con dinero público. Y cuando hay dinero público por medio hay responsabilidades sobre las que se tiene que exigir su cumplimiento. Pero no voy a dar aquí un mitin sobre ello. Leed la constitución. Promover la cultura, incentivar la creación local… es responsabilidad de lo público. Y si esas responsabilidades se delegan en organismos como el Guggenheim (¿qué son? ¿entes semi-publicos? ¿semi-privados) entonces tendremos que exigir a éstos que las asuman. Pero parece que estoy diciendo algo nuevo ¿No habéis leído el documento cero del sector del arte contemporáneo: buenas prácticas en Museos y Centros de Arte? Lo presento la ministra de Cultura hace tiempo. No existe un solo Museo en este país que acate lo que en ese documento se sugiere. Y menos el Guggy.
Galder:
El crítico es un mediador entre la obra y el público. Sin más.
58. ptqk | 15 Agosto, 2007 a las 11:59 pm
La verdad es que no me gusto en el papel de criticona de la expo de Moraza. Pero ya que estamos tan cotorras/os no quiero quedarme con las ganas de volver sobre uno de los temas que plantea Ricardo y sobre el que no se ha dicho nada. Aunque, en mi opinión, es uno de los más interesantes. Y también uno de los pocos que trasciende el mundillo del arte vasco.
Me refiero a la propiedad intelectual de los mapas.
Me sorprendió mucho que en la inauguración él mismo dijera que éste era un proyecto de “código abierto” (se cuidó mucho de decir copyleft
. También en la carta publicada en el Correo hace mención expresa de la propiedad intelectual e insiste en que Incógnitas es un modelo abierto, a desarrollar colectivamente entre todas/os.
Me gustaría saber cuál es la situación concreta de los derechos de propiedad intelectual de Incógnitas.
Es decir, la autoría moral (quién es el “autor”) y los derechos de explotación (quién tiene derecho a explotarlos comercialmente o, por ejemplo, a denegar su acceso una vez que se haya clausurado la exposición).
¿Pertenecen a la Fundación Guggenheim?
¿Al comisario?
¿Y si los derechos de explotación no son de dominio público ahora -que no creo que lo sean- en qué plazo lo serán?
Si de verdad éste es un proyecto de “código abierto”, el acceso a los datos debería ser libre (es decir, público y gratuito ). Y esto para todos los datos: las respuestas al cuestionario, los prototipos/mapas/cartografías y las condiciones en que se ha realizado su compraventa.
La cuestión es que si los espacios de legitimación (y un Museo lo es) fabrican “Historia”, deberíamos preguntarnos a qué precio y en qué condiciones uno vende la suya, sobre todo cuando hablamos de historia colectiva.
¿Alguién tiene alguna respuesta?
59. Galder Reguera | 16 Agosto, 2007 a las 10:17 am
Iñaki,
No puedo estar en mayor desacuerdo en esto que comentas: “Todas las ciencias, las sociales, las formales, tienen su objeto, su razón de ser, bien delimitada. Vivimos en un mundo en el que el conocimiento está compartimentado, especializado. Y lo interesante del arte es precisamente su falta de objeto concreto, su transversalidad. Es un instrumento que sirve para trazar puentes entre diversas islas de pensamiento. Hoy en día los artistas son los únicos que poseen una visión global, sintética, de este mundo tan fragmentado en el que vivimos”.
La transversalidad, la apertura de miras hacia los postulados, modos y avances en otros campos del pensamiento y la creación, ha de ser una meta, no sólo en arte, sino en cualquier disciplina humana. No puede ser de otra manera, cuando postulados de una especialidad (como la psicología, por ejemplo) pueden ser –y de hecho son- refutados o confirmados desde otras (como la medicina). Además, cualquier rama del pensamiento (de las ciencias) en realidad requiere de ciertos conocimientos y prácticas de muchos y diversos otros campos. De hecho, el asunto del “método” de las ciencias como algo que delimita claramente el objeto de estudio y el modo de abordarlo está, creo, en cierta medida ya superado. Paul K. Feyerabend realizó duras y ácidas críticas a este asunto. En ese sentido, la transversalidad que comentas no es necesaria sólo en arte, sino en toda rama del pensamiento que pretenda ser fructífera. Ningún pensador (en el sentido amplio de la palabra: científico, filósofo, psicólogo, artista, historiador…) debe ser tan estúpido de dar la espalda conscientemente a los avances en otras disciplinas. Otra cosa es que esa transversalidad necesaria sea aplicada, efectivamente, sólo por una minoría y que la gran mayoría de quienes actúan en un campo determinado del pensamiento ignoren los demás. Esta ignorancia mutua entre los diferentes campos del pensamiento, de los diferentes modos de ver y abordar la realidad, es algo que ya C.P. Snow criticó hace muchos años de manera brillante, por cierto, en su famosa conferencia “Las dos culturas” y, ciertamente, es un síntoma aún presente de inmadurez. Pero yo creo que hay una minoría fructífera. Hace poco hablaba con un físico teórico que me comentaba que cuanto más avanza en su terreno más filósofo se siente, y menos físico. Esto está bien, es necesario y aplaudible.
En la misma medida, yo entiendo que la transversalidad en arte es necesaria. Pero, como sucede en la mayoría de los campos del pensamiento, creo que sólo unos pocos artistas son capaces de ella. Hay muchos otros que ni se la plantean, y una inmensa mayoría que aunque dice abordar cuestiones propias en principio de otros campos del pensamiento, en realidad se queda en burdas formulaciones de tópicos ya superados en éstos. Hay una ignorancia mayúscula por parte de la mayoría de los artistas de los avances o retrocesos en otros campos del pensamiento. En este sentido, hace poco yo escribía que no deja de ser paradójico que, cuanto más se convencen los filósofos de la incapacidad fundamental de la filosofía para responder a cuestiones a las que sí llega el arte, los artistas se acerquen con más insistencia a la filosofía. Lo mismo sucede, por otro lado, entre los filósofos, que en cuestiones artísticas, andan aún intentando asimilar las neovanguardias, si no se han quedado anclados en el período de entreguerras.
Esto me recordaba a un cuento de Italo Calvino, incluido en “Los amores difíciles” en el que dos amantes van el uno al encuentro del otro y se cruzan en la autopista una y otra vez. Con esta misma imagen, yo me temo que en la mayoría de las ocasiones filosofía y arte (por poner dos ejemplos) mantienen la misma relación que los amantes de Calvino: aún cuando acuden a encontrarse, sólo son dos puntos de luz que se cruzan en el camino. Es la historia de un desencuentro.
En cuanto a la consideración de los museos, y en particular el Guggenheim, creo que se parte de una equivocación cuando se entiende éstos como contenedores de objetos (obras). Es una discusión recurrente. Yo no considero un cuadro, una escultura, un video o una fotografía como un mero objeto. Lo son, obviamente, pero es una definición que no agota, ni hace honor al tipo de objetos que son, en la misma medida que la definición de los platónicos de ser humano, como “bípedo implume”, como mostró Diógenes el Cínico, dejaba al hombre a la altura de una gallina desplumada. En este sentido, una obra de arte, aún siendo un objeto, tiene una dimensión que va mucho más allá de esta consideración. Es la base sobre la que se sustenta una “experiencia estética”, entendida muy ampliamente –no sólo como una cuestión visual-. Esta experiencia es, como casi todas, fundamentalmente individual. Podemos, en este sentido, considerar la cultura como algo grupal, y de la misma medida el arte, como dices, “como una creación social y no individual”, pero esto no implica necesariamente la eliminación de la experiencia individual. Al contrario, creo que sigue estando en la base de todo el asunto. En este sentido, yo reclamo la experiencia y el trabajo individual como un valor. A considerar, obviamente, pero en un segundo movimiento, desde una perspectiva más amplia (la grupal), pero en todo caso como un valor.
En este sentido, no creo que la vigencia y el valor indudables de centros de arte de segunda y tercera generación anule necesariamente la vigencia y el valor de los museos de corte más tradicional. Creo que hay sitio para todo. Es el valor de lo plural. El British, el Louvre y el Guggenheim, creo, siguen teniendo valor como modelos museísticos a pesar, o precisamente por, la aparición en escena de los centros de arte de segunda y tercera generación.
Finalmente, en cuanto a lo que dices de que el crítico es el mediador entre la obra y el público, no estoy tampoco de acuerdo. Creo que es una visión muy reducida de labor y la función de la crítica de arte. En primer lugar, porque una obra que necesita de un mediador para ser contemplada, entendida, o como quieras llamarlo, es necesariamente una obra fallida. La obra no necesita de notas a pie de página. En segundo lugar, porque históricamente no ha sido así. Pero, sobre todo, y más fundamentalmente, porque creo que la labor de la crítica de arte es la de la generación de significados en torno a las obras. El quehacer del crítico es mucho más creativo que el limitarse a una mera trascripción de unos significados de un lenguaje a otro. Muchas veces el crítico (y también el público, por qué no decirlo) aporta significados a la obra que genéticamente no tenían, que el artista no contempló. A veces, éstos vienen más o menos condicionados por el entorno social y artístico, la historia, la misma historia del arte, etcétera, en las que el artista se sitúa y de los que no necesariamente el crítico hace la misma lectura que el artista (un ejemplo interesante en este sentido sería el de cómo la crítica vio y ve actualmente la obra de Arno Brecker), pero en otras ocasiones responden a la mera inspiración o arbitrariedad del crítico. Algunos de estos significados permanecerán junto a la obra y determinarán la lectura que generaciones futuras hagan de ella, otros desaparecerán irremediablemente. Esto ya depende del juego de consensos y disensos, en el que entiendo reside la cuestión grupal, el arte como construcción comunitaria.
60. Iñaki Larrimbe | 16 Agosto, 2007 a las 12:03 pm
Galder:
Has pasado de estar un 100% de acuerdo conmigo a estar un 100% en desacuerdo. Y en dos días. Me recuerdas a una antigua novia. Como dijo Groucho Marx “ni estoy de acuerdo ni estoy en desacuerdo contigo, sino todo lo contrario”. Me está dando pereza contestarte porque estás marcando mucho “biceps” bibliográfico. Por eso me refugio en los chistes malos. Y como dijo el gran Ortega y Gasset (o algo parecido) para refutar los argumentos de alguien hay que sumergirse en ellos y beber de sus fuentes. Sin salirse de su marco. A eso se llama juego limpio. Pero estos días de agosto… me invade la holgazanería.
Sobre la ausencia de perspectiva global, sobre la falta de transversalidad, sobre los “tontos sabios”, hay mucho escrito. Pero no necesito “hablar por boca de otros” Te puedo dar unos cuantos ejemplos prácticos: ¿Tienes coche? ¿Sabes cómo funciona? ¿Sabes cómo funciona realmente algo de lo que te rodea? ¿Si se te apaga la pantalla del ordenador -sin haber apretado el botón de apagado, obvio- sabes qué le pasa a tu computadora? Y eso que eres crítico de arte… “Sabios tontos” Ya Erasmo de Rotterdam hablaba de ellos en “Elogio a la estupidez” ¡En tiempos del humanismo! Conozco a un programador informático que no sabe manejar Windows. Estamos en la era de la superespecialización. Tú, por ejemplo, te podrías especializar en ser crítico de artistas que sólo exponen en el Guggy. Jajaja. Otro chiste malo… Bueno, te pego un texto para contrarrestar mi mal verbo de estos días de vacaciones. Supongo que ya sabrás de quien es. Porque eres crítico y además muy transversal. Te doy una pista: es francés.
“Se ha vuelto imposible para un individuo que vive en 2004 reunir la totalidad de un saber, incluso si tiempo atrás pasaba por altamente especializado. Nos vemos sumergidos en un mar de informaciones cuya jerarquización ya no nos es provista por ninguna instancia de alcance inmediato, bombardeados por hechos que se acumulan a un ritmo exponencial, y que provienen de múltiples focos.
La mundialización de las artes y las letras, la proliferación de productos culturales y la disponibilidad de saberes en Internet, por no hablar de la erosión de los valores y las jerarquías nacidos en el modernismo, crean las condiciones objetivas de una situación inédita que los artistas exploran en obras que dan cuenta de esto a la manera de un itinerario u “hoja de ruta”. Internet sugiere el método de la navegación razonada, intuitiva o aleatoria y ofrece una metáfora absoluta del estado de la cultura mundial: una cinta líquida en cuya superficie se trata de aprender a pilotear el pensamiento. La capacidad de navegar por el saber está a un paso de convertirse en una facultad predominante para el intelectual o el artista. Releyendo los signos entre sí, produciendo itinerarios en el espacio sociocultural o en la historia del arte, el artista del siglo veintiuno es un semionauta”
En cuanto al asunto del crítico como “creador” en vez de como mediador… está claro que tu afán corporativista te está llevando por terrenos farragosos. Un crítico arroja lecturas sobre ciertas obras. Pero no construye significados. Como mucho los completará. Huelga decir que toda obra necesita ser completada por el ojo del público. En ese aspecto el crítico es “público con criterio elaborado” Eso es algo que queda muy patente en otra clase de críticas, como la cinematográfica. Cuando hablo de “mediador” me refiero a que el crítico es un puente entre la obra y el público. Una labor muy necesaria. No hay mejor introducción para entender el trabajo de un artista que unas líneas escritas por un crítico en un catálogo.
Bueno, nos hemos dejado llevar por la voluptuosidad de la discusión. Y nos hemos alejado mucho del tema en cuestión. Una vez más nos alejamos del meollo en vez de dar círculos concéntricos en torno a él para, poco a poco, estrecharlos y coger, al fin, al toro por los cuernos. Nos falta método.
Y perdona, Galder, por mis malos chistes. Estoy ahora mismo enfrascado en la tarea de dibujar mi página de rigor para la revista TMEO. Deformación profesional… En mi caso, deformación amateur.
61. Isabel de Naverán | 16 Agosto, 2007 a las 12:35 pm
creo que es interesante retomar lo que dice ptqk acerca de la autoría de los mapas/cartografías del arte en euskadi, cuando estos (como parece ser que afirma Moraza en un artículo que no he leído) se presentan como estructuras de código abierto. En este caso y dadas las condiciones tan contradictorias en las que se propone (una estructura abierta en un espacio cerrado y difícilmente accesible), me parece difícil hacer nada. Quizás no merezca la pena retomar los esquemas/cartografías/mapas de Moraza, pero sí pensar de qué manera podríamos plantear nuevas estructuras, auto-reguladas y creadas desde los propios artistas, estructuras de intercambio, colaboración y discusión, donde el disenso no sea entendido como crispación, sino como una oportunidad para “inventar”, si se quiere, nuevas formas de relación.
Respecto a “cómo los espacios de legitimación escriben la Historia” a su manera, estoy de acuerdo. Y se me ocurre que no solamente es cuestión de decir sí o no a lo que se nos propone (aunque sí pienso que es importante hacer uso de este poder como se considere) sino de generar Historias simultáneas que no sólo respondan a la provocación (por lo general es así) sino que puedan adelantarse a ella.
62. ptqk | 16 Agosto, 2007 a las 1:13 pm
Isabel,
El artículo se llama “Carta a los artistas en Euskadi” y fue publicada en el Correo el 29 de julio pero no se encuentra (no la encuentro) en la web del periodico.
Pero sí en una lista sobre arte y humanidades de Google:
http://groups.google.es/group/es.humanidades.arte/browse_thread/thread/d71970a5e36a3cd7/c97cd50cd59ada6a
Está muy bien.
63. ptqk | 16 Agosto, 2007 a las 1:14 pm
Carta a los artistas en Euskadi
Juan Luis Moraza
Diario El Correo 29/07/2007
Uno no hereda la tierra de sus antepasados, la toma prestada de sus
descendientes». Con este proverbio massai queda desmontada cualquier
noción de propiedad, incluso de propiedad intelectual. El usufructo de
los bienes del planeta supone una responsabilidad con respecto a
nuestros descendientes, y también el saber deja de ser un capital que
debe conservarse intacto proveniente del pasado, para convertirse en una
gran obra colectiva que nos impulsa desde el futuro.
La riqueza de un lugar es también y sobre todo la de sus gentes. Hace
apenas dos meses solicité vuestra ayuda para la tarea imposible de
elaborar en tan poco tiempo un ensayo expositivo sobre el Arte
Contemporáneo en Euskadi por encargo del Museo Guggenheim Bilbao. La
respuesta ha sido tan espectacularmente generosa por vuestra parte que
me siento, además de emocionado, avergonzado por no haber podido hacer
más y mejor aquello que sin vosotros no habría sido posible. Más allá de
beneficios e intereses profesionales, más acá de supuestas diferencias
ideológicas, estilísticas o personales, esta respuesta ha sido la
demostración de que los artistas actuamos desde la desnudez y la
precariedad, y ahí se desvela lo más singular de nuestro ser de deseo.
No se sostiene el mito de los artistas narcisistas, soberbios y
enfrentados. Es nuestro deseo que siempre existe con otros, lo que dicta
nuestro ritmo. Y todo lo mejor de esta exposición es vuestro logro.
Cada presente es compartido por varias generaciones de artistas: desde
sabios hasta neófitos, entre los cuales discurre una transmisión
cultural entre un mundo que pertenece cada vez más al pasado y otro
mundo que apenas atisba el futuro. En ese intervalo, los encuentros y
desencuentros, las polémicas y las coincidencias son igualmente
importantes por cuanto generan las tensiones de la forma que construye
la realidad. Pues los artistas no formamos una familia, sino una polis.
Así este ensayo sólo podía concebirlo como un acontecimiento de
colaboración y de transmisión cultural.
Ésta es una carta de agradecimiento. Como ensayo parcial y provisional,
la exposición afirma su ‘incompletud’, su imperfección, está plagado de
errores y de faltas debidos únicamente a mis limitaciones, agudizadas
por la precipitación. Y tal y como me habéis ayudado a confeccionar este
boceto, os pido también que contribuyáis a su rectificación y su mejora,
pues lo he propuesto como un trabajo que sólo cobra sentido si es
desarrollado por más gente en el futuro. Este esbozo no tiene ninguna
aspiración sociométrica, sólo ha sido el modo urgente de tomar el pulso
a un proceso complejísimo desde mi deseo de transmitir algo de la
sensibilidad de los artistas, de sus formas de sentir, de pensar, de
elaborar el mundo. Todo el entramado de obras presenciales, fichas
técnicas, referencias, acontecimientos, autores han surgido de forma
directa de vuestras respuestas. Como sujeto y como artista no puedo ni
siquiera fantasear con la posibilidad de una observación sin observador,
y, sin duda, no podría soportar colocarme en la posición de árbitro que
unilateralmente marca posiciones como un gran decididor externo.
Por ello opté por un ensayo lo más colaborativo posible, procurando el
difícil balance de distintas fuerzas que confluyen en el arte y que en
ocasiones son totalmente contrarias. He intentado trabajar con muchos
tipos de datos, probando precisamente un equilibrio entre las emociones
de los artistas y las razones de los sistemas del mundo del arte. A.
Bowness, uno de los conservadores de la Tate Gallery, escribió hace ya
varios años un libro titulado ‘The Conditions of Success’ en el que
abordaba las condiciones que se daban en el mundo del arte capaces de
provocar la cualificación de la obra de un autor. Su análisis reconocía
que se producen cuatro fases sucesivas de consenso: En primer lugar, la
obra de un autor debe ser reconocida como tal por otros artistas. Si
esto sucede, puede pasar a una segunda fase de reconocimiento por parte
de esos agentes culturales que introducen la obra en el plano del
discurso: historiadores, críticos, etcétera. Si esto se produce puede
darse una tercera fase de reconocimiento que proviene de los agentes que
introducen la obra en el plano del valor patrimonial (marchantes,
coleccionistas, galerías, museos…) y finalmente, si eso se produce,
puede darse una cuarta fase de reconocimiento por parte del gran público.
Aunque yo he discutido las evoluciones de esta lógica, aunque no sean
los registros de la calidad de las obras, sí representan mediaciones
sociales reales bajo cuya condición existen el arte y la calidad misma
como criterio. Esa estructura indica cómo el ámbito artístico y el
propio arte entretejen un sistema complejo en el que las estructuras
sociales, el azar, las circunstancias, y no sólo la valía de las obras,
influyen. Por ello mi gratitud se extiende también a todas las personas
e instituciones que han ofrecido de forma desinteresada su colaboración:
prestatarios de obra y de documentación (Museo Artium, Diputación de
Vizcaya, Museo de Bellas Artes de Bilbao, Fundación La Caixa, Arteleku,
UPV, Sala Rekalde, Abisal, En Canal, MEM, EL CORREO), críticos e
historiadores del arte (Xabier Sáenz de Gorbea, Javier San Martín, J.
González de Durana, Adelina Moya, Beatriz Herráez, Peio Aguirre),
galerías (Trayecto, Vanguardia, Windsor), un largo etcétera, y por
supuesto al Museo Guggenheim Bilbao, que me ha otorgado su apoyo y su
total confianza.
Así, he intentado cotejar diferentes versiones que representan todos
esos contextos de mediación para ofrecer una panorámica lo más rica y
consistente posible. Los distintos modos de presencia -obras, fichas,
nombres- no suponen un orden jerárquico, sino una forma de hacer
presentes líneas de trabajo, más incluso que particularidades, para
generar un conjunto del que surgiera la evidencia de una diversidad de
perspectivas, entremezclando obras y autores muy visibles y reconocidos
en la historia del arte reciente, con otras obras y autores más
incógnitos. Ciertamente faltan muchas cosas, pero nadie debería sentir
el nivel de exclusiones sino el de inserciones. No es una selección
selectiva, sino un muestreo abiertamente incompleto: la propuesta de un
modelo más que un balance o un juicio. He procurado generar un modelo de
ecosistema que como tal sugiera la complejidad y la posibilidad continua
de inclusión. Precisamente, la metáfora biológica sugiere que el arte
forma parte de un gran ecosistema cultural que tiene una naturaleza
orgánica, abierta, no lineal; sugiere que importan las relaciones que
mantienen entre sí los participantes de ese gran juego, y que importan
también las singularidades y los gestos; y sugiere, finalmente, que
todos los seres son igualmente necesarios, aun cuando no haya ninguno
imprescindible. Cada artista es un universo que contiene universos en
relación a otros universos.
La metáfora geológica que he utilizado en varios de los diagramas no es
tanto jerárquica cuanto orgánica, pues sugiere que incluso el Everest es
una pequeña arruga temporal en la superficie del planeta: las colinas o
los picos pueden nacer lenta o abruptamente, los grandes macizos
colapsan, las canteras desgastan, las fallas reorganizan los niveles.
Todo está en continuo cambio y la historia se comportaría como una
fuerza que presiona para aumentar las cotas de los clásicos, convertidos
en cimas de fácil visibilidad, pero también de difícil acceso. Y
existen, en fin, modos de vida propios a cada topografía. Ambas
metáforas coinciden en la contingencia del conflicto, en la
equivalencia, en el carácter insustituible de cada ser, en la
conveniencia de la convivencia. Pero sobre todo en la inclusividad y el
carácter procesual y abierto de un modelo que puede ser desarrollado en
el futuro. Manos a la obra.
Juan Luis Moraza
Diario El Correo 29/07/2007
Juan Luis Moraza (Vitoria, 1960). Doctorado en Bellas Artes por la
Universidad del País Vasco donde impartió docencia durante siete años,
es profesor titular del Departamento de Escultura en la Universidad de
Vigo; ha sido profesor invitado en la École de Beaux Arts de Marsella,
en la Facultad de Bellas Artes de Cuenca y en el Instituto de Estética
de Madrid entre otros.
64. fito | 16 Agosto, 2007 a las 4:01 pm
Creo que el tema que señala ptqk e Isabel es clave. Ver (valorar) el verdadero alcance de la expresión “código abierto” daría un sentido u otro a la exposición. Permitir la complementación de los esquemas y resultados a partir de las diferentes subjetividades ofrecería una nueva dimensión del trabajo. Mostrar las herramientas que se han utilizado para su realización sería también de agradecer.
Dejar esos esquemas “congelados”, “estetizados” como una “obra” (más o menos objetual), favorecería un distanciamiento que no parece ser la intención del proyecto (o sí?), (¿hasta que punto es de todos o no lo es?).
La publicación de estos resultados en soportes que permitan un acceso público y la aplicación de nuevas visiones abriría nuevas e interesantes “incógnitas”…
65. Iñaki Larrimbe | 17 Agosto, 2007 a las 11:06 pm
“Quizás no merezca la pena retomar los esquemas/cartografías/mapas de Moraza, pero sí pensar de qué manera podríamos plantear nuevas estructuras, auto-reguladas y creadas desde los propios artistas, estructuras de intercambio, colaboración y discusión, donde el disenso no sea entendido como crispación, sino como una oportunidad para “inventar”, si se quiere, nuevas formas de relación” , dice Isabel. Eso es importante: actuar. Crear nuevas complicidades, reforzar las existentes, “inventariar” nuestros recursos, los que tenemos como artistas, activistas culturales, críticos, etc. y compartirlos. En definitiva: hacer. Si hablamos de “producción social” de arte, más que de producción individual, hay que tejer redes. Y articularlas. Aunque habrá que inventar nuevos modelos. Porque el asociacionismo es un poco frustrante.
“Pienso que esta exposición, pese a la crispación que en principio está generando, está sirviendo para que cada cual reflexione sobre su posición individual respecto a la (inexistente) comunidad artística” Bueno, creo que ese debate, esa reflexión, siempre ha estado ahí. Quizá tapada por los modelos que todos conocemos y que se han alimentado desde las instituciones. Modelos que pivotaban sobre conceptos como “internacional”, “global”, “consagrado”, “nuevo valor”, “joven”…
66. gh tiej | 17 Agosto, 2007 a las 11:50 pm
¿Funciona el foro?
67. Iñaki Larrimbe | 18 Agosto, 2007 a las 9:57 am
En cuanto a las dudas de Ptk sobre la autoría moral de “incógnitas” creo que esas “incógnitas sobre incógnitas” (bonito nombre para otra exposición…) sólo pueden ser despejadas por el mismo Moraza. En la carta que envió a los artistas de Euskadi escribe, explicando que la exposición no es una muestra de obras: “…sino del planteamiento de un proyecto, de la puesta en escena de una hoja de ruta, del despliegue visual de unos esquemas de trabajo que organicen de modo suficientemente gráfico factores, variables, autores, obras y lugares significativos, acontecimientos paralelos (políticos, sociales, tecnológicos, culturales, mediáticos…), interacciones y posibilidades” Supongo que si ha elaborado una “hoja de ruta” sería de rigor que ese mapa pudiera estar en mano de todos nosotros. Para usarlo, completarlo… Se lo podríamos solicitar.
68. Isabel de Naverán | 18 Agosto, 2007 a las 11:03 am
Quizás estemos entrando en un nuevo tema de debate: estructuras de código abierto aplicables a la práctica y trayectoria de los/as artistas en Euskadi. Estructuras aplicativas, y no explicativas. (si alguien se anima, puede abrir un nuevo apartado)
Acceder a los esquemas/cartografías que propone Moraza y modificarlos puede ser un paso, pero el resultado no dejaría de ser una variación, una versión de la versión oficial.
Lo interesante, en mi opinión, sería modificar la manera en que se dan a ver/conocer esas estructuras, revisar la performatividad en la forma de acceso a esa información (eso es algo que sí creo que ha tenido en cuenta Moraza en la exposición de Incógnitas, creando, muy intencionadamente, confusión e incomodidad en el recorrido).
El hecho de que en estos momentos se trate de una exposición en un Museo como el Guggenheim, no ayuda para lo que se está proponiendo aquí. Una versión virtual, con posibilidad de acceso y actualización constante, podría ser un comienzo, aunque no me parece tan interesante esto como la posibilidad de generar otras estructuras que funcionen a largo plazo, no tanto de exhibición, como de lugar de encuentro e intercambio. Es algo que ya se ha hecho en Euskadi y puede que sea también otro tema.
69. Isabel de Naverán | 18 Agosto, 2007 a las 11:33 am
Rectifico: estructuras de código abierto aplicables a laS prácticaS y trayectoriaS de los/as artistas, críticos/as, intelectuales, estudiantes…
Estas estructuras se auto-regularían a partir del uso que se hiciera de ellas (el uso dibujaría la estructura). Aquí me parece importante resaltar lo que dice Moraza en su carta acerca de la diferencia entre familia y polis. Según yo lo veo, no se trata de formar una gran familia (y eso puede haber sido el detonante de muchas reacciones a la exposición) sino de poner en marcha formas de auto-gestión y de producción de conocimiento.
70. Iñaki Larrimbe | 18 Agosto, 2007 a las 12:18 pm
Sí estamos entrando en un nuevo debate. O quizá hemos estado circulando en torno a él lentamente. Y ahora hemos apretado la curva. Se están apuntando cosas interesantes. Ya dichas en otros debates: la necesidad de trabajar en red juntando esfuerzos, crear lugares de encuentro, etc. Y si la exposición “Incógnitas” es útil en ese sentido, y se asienta sobre un “código abierto”, habrá que trasladarle a Moraza nuestras “incognitas”.
Moraza habrá trabajado con ciertos apoyos. Yo no los conozco. Tampoco demasiado la metodología que ha empleado. Se ha dirigido a los artistas de Euskadi, pero los artistas de Euskadi se deberían de dirigir a él también ¿no? Porque, si no, esto parece un soliloquio en el que los colaboradores, “los artistas de Euskadi” no son tales, sino meros comparsas en un proyecto más de exposición “comisariada”.
Es obvio que Moraza ha dibujado su mapa. En ese aspecto a trabajado como un artista. No deja de ser un encargo de una institución hacia él. ¿Hasta que punto comparte su investigación con los “artistas de Euskadi”? Incógnitas y más incógnitas.
71. Galder Reguera | 19 Agosto, 2007 a las 5:08 pm
Isabel,
Pero, realmente, ¿qué valor tendría una actualización constante del mapa? ¿Sería inclusiva o tamién exclusiva? ¿Se puede quitar partes del mapa (por irrelevantes) o sólo sumar? En ese sentido, se podrán sumar los nombres y prácticas de los artistas tipo “pintores de portal” o sólo los de personas con cierto reconocimiento en círculos dados? No sé, a mí el tema no me convence nada.
72. Ricardo | 19 Agosto, 2007 a las 10:00 pm
Isabel.
Estoy de acuerdo contigo en lo del “reflejo de la realidad”. A veces el lehguaje es traicionero.
Soy una persona mas de actuar y de pretender el cambio mas que de representar(lo). No me referia a cual es la funcion del arte (reflejo, como representacion), sino que las condiciones y situaciones que se dan en el mundo del arte (como ambito social, como ambito profesional, etc), no son distintas a las que se dan en muchos otros ambitos (reflejo como repeticion de condiciones y situaciones)
73. Ricardo | 19 Agosto, 2007 a las 10:06 pm
Sobre Incognitas como proyecto de codigo abierto y las posibilidades de acceso a la informacion y a los materiales creados, supongo que lo mejor es preguntar a Moraza y/o al Guggenhein.
Cualquiera podria hacerlo y ver cual es la respuesta. Yo volvere al trabajo a principio de septiembre, si para ese momento no se ha conseguido la informacion de otro modo, me comprometo a enterarme de cual es la situacion respecto a todo esto.
74. Isabel de Naverán | 20 Agosto, 2007 a las 11:47 am
Galder, comparto tu preocupación y una de las preguntas que yo también me hago es ¿quién/quiénes establecen los criterios? porque, obviamente, tiene que haber algún criterio. Un mapa está formado por datos, y lo único que se puede hacer es sumar o restar, como tu dices. Sin embargo, cuando hablo de actualizar constantemente la estructura, no me refiero a añadir o quitar nombres, sino a observar las relaciones ENTRE esos nombres/datos, a pensar (y por lo tanto poder actuar) si es relevante que haya tamaños, por ejemplo, y qué significa el tamaño, es decir, lo que ahora nos estamos preguntando y la razón por la que sería interesante contactar con Moraza es: cuál ha sido el criterio elegido para dibujar estas cartografías? en base a qué se han establecido las relaciones y si son modificables o ampliables (ya que están sucediendo hoy).
Imagino un espacio donde estas relaciones puedan ser dibujadas y discutidas por sus propios agentes. La exposición de Incógnitas, materialmente, no es actualizable, ni modificable, no está viva, como lo están la mayoría de los artistas que se nombran. Pero eso ya está cambiando.
75. Hilario Alvarez | 20 Agosto, 2007 a las 6:27 pm
DESDE FUERA: GRACIAS.
A estas alturas del debate y desde fuera de cualquier cosa que sea eso de “lo vasco” me resulta imposible incorporarme al dialogo y comentar, contra-decir, refutar o confirmar tantos temas y opiniones como habeis vertido. Me siento sin embargo obligado a agradeceroslo: he pasado una estupenda tarde de Agosto leyendo vuestras ideas y comentarios. Mi contribución será difundir la dirección web para que otros más puedan tambien disfrutarlo.
Salud-os
76. Galder Reguera | 21 Agosto, 2007 a las 10:09 am
Isabel,
Entiendo lo que comentas, pero creo que la cuestión no es tanto quién establece los criterios, sino cuáles son éstos. El propio Moraza (que es quien firma la exposición y, por tanto, el máximo responsable para bien o para mal de la misma) reconoce en su carta que el criterio que ha seguido es el de las concepciones sociales del arte, del tipo de la de Alan Bowness (yo en un comentario más arriba hablé de la George Dickie, que me parece más completa, pero creo que son prácticamente intercambiables). Esto es, se ha introducido en el mapa a todo aquel que está reconocido socialmente como perteneciente a la comunidad del arte.
En un primer momento éste se puede mostrar como un criterio válido, porque se muestra como un aséptico, en la medida en que evita juicios de valor, que contrastaría con la eventual “opinión” del comisario, que quizá pudiera considerar a algunos de los que ha incluido como cualquier cosa menos artistas. Así, en el mapa parecen están todos, hay una profusión terrible de nombres (aunque en realidad hay flagrantes omisiones, por cierto).
Sin embargo, si se analiza profundamente, esto no es así. En primer lugar, porque ya hay un criterio dentro del mapa que entra en cuestiones de valor, a saber, la tipografía utilizada para designar a los artistas (las cotas), que da mayor importancia a algunos con respecto a otros. En segundo lugar, el mapa dibuja el panorama de las artes “reconocidas”, las que supuestamente son relevantes. No hay lugar en él para artistas, críticos y espacios de arte que denominé, con toda la carga peyorativa que se pueda entender, “pintores de portal”. Yo creo que a este tipo de artistas no habría que incluirlos en el mapa –por irrelevantes-, pero el no hacerlo ya es una cuestión de valor, que no encaja con el criterio aséptico que defienden las teorías tipo las de Alan Bowness o George Dickie y que Moraza parece querer aplicar.
En tercer lugar, y más profundamente, está el hecho de que creo que tal criterio de valor es necesario. Yo habría preferido mil veces que Moraza hubiera hecho una selección parcial y justificada de lo que él cree que es lo más interesante y válido del arte vasco que este cajón de sastre en el que todo parece tener cabida. Fundamentalmente, porque creo que sería más útil (en la medida en que no se limitaría a una mera exposición de hechos, sino que hablaría de relaciones entre los mismos), pero también porque creo que serviría para comenzar a resolver, parcialmente, la “incógnita” del arte vasco. Creo que esto es importante, y creo que aquí debería residir el debate. Moraza habla en su carta de su exposición como “la propuesta de un modelo más que un balance o un juicio”. Discutamos, pues, el modelo. Como ya he dicho, a mí no me parece válido. Creo que el juicio, el balance, es necesario. Creo además que, en parte, Moraza lo realiza, aún cuando esa no es su pretensión.
77. Iñaki Larrimbe | 22 Agosto, 2007 a las 6:05 pm
Sí, Isabel. Te entiendo. El trabajo de Moraza es un intento de “dibujar” la estructura del arte contemporáneo en Euskadi. Un mapa, visto de lejos, tiene una forma. Si obvias los detalles y te centras en el todo consigues ves la estructura, es decir: el dibujo que ésta crea. En el tiempo y en el espacio. Por lo tanto recoger el diseño de esa estructura global es lo importante. Y aunque falten partes que lo configuran, la estructura se entiende. Porque se refleja como se articulan los elementos entre sí, y como se articularían los que faltan. Es como un puzzle. Si falta una ficha su forma queda representada por el hueco que deja. Es importante entender el arte como un producto de una sociedad, no como el de una suma de productos de individuos. De la misma forma que sucede con otras áreas del pensamiento.
En cuanto a los criterios de quién forma parte de ese dibujo o no, está claro que son criterios establecidos en base al grado de contemporaneidad de las producciones de esos artistas según la estimación, y eso es de rigor recalcarlo, del propio Moraza. ¿Qué entiende Moraza por contemporaneidad? Esa es la cuestión. Porque su metodología a la hora de abordar “Incógnitas” surge de ahí. Moraza, huelga decirlo, también forma parte de ese dibujo. Y de una generación determinada. No sé quién dijo que en el mundo -en nuestro tiempo y en nuestro espacio- siempre conviven, coexisten, tres generaciones. De las relaciones que se establecen entre esas generaciones surge una cultura determinada. Pero eso es otro debate…
Pero Moraza no ha rastreado “producciones” sino “productores” (y sólo en teoría). Y a través de un test-texto-formulario (para nada se exigía información visual) lanzado a la red dirigido a los artistas de Euskadi. Como si fuera un examen. Y él ya sabía quién iba a aprobarlo. No puede olvidarse de que es parte implicada. Quizá lo ha hecho así por la imposibilidad material de hacerlo de otra forma. O porque el que pone el papel (el lápiz lo pone Moraza) para dibujar ese mapa es el Guggenheim. En ese aspecto hecho en falta en ese proceso una labor más intensa de búsqueda, de rastreo. De incorporar al mapa trabajos situados al margen (marginales), más periféricos. Al final el mapa queda definido por los elementos más visibles del arte contemporáneo en Euskadi. Bueno, es un mapa. Puede haber otros. Y otro mapa sería, en el dibujo que forma su estructura, muy diferente al de Moraza. Sería un trabajo interesante ese.
Coincido con Isabel en que lo importante no es sumar ni restar elementos en esa estructura que Moraza dibuja. Porque el dibujo no variará. La estructura cambia si cambia la ecuación, el algoritmo que la crea. Y ese sí es un trabajo interesante: buscar nuevas fórmulas que creen procesos, relaciones, estructuras…divergentes, dispares, fuera de “la norma”
78. Secesionada | 23 Agosto, 2007 a las 10:47 am
Parece que el debate queizá esté llevando a alguna parte:
“Y ese sí es un trabajo interesante: buscar nuevas fórmulas que creen procesos, relaciones, estructuras…divergentes, dispares, fuera de la norma”
Hemos pasado del intercambio de alusiones, al reconocimiento de un mapa primigenio, que representa una lestructura más o menos definida y orgánica…y ahora ya toca la acción.
¿Cómo lo hacemos?
79. larrimbe | 23 Agosto, 2007 a las 5:44 pm
Creo que el mapa de Moraza es reconocido por todos nosotros como un mapa, sí. Pero no como una estructura que sirva de plantilla. Quizá haya que elaborar más mapas. Distintos mapas.
En cuanto a cómo actuamos… yo, por mi parte, he hecho un llamamiento a los periódicos de mi ciudad para que abran más espacios de crítica en sus páginas. Lo he hecho desde mi pequeña columna semanal dedicada a la cultura. Columna que publico en el diario local de Vitoria semanalmente. Sale mañana. Ya os la mandaré. Menciono, por supuesto, este debate.
Cualquier artista, estructura, proceso, necesita un marco de legitimación. Por otra parte… ¿quién legitima a quién? ¿Y a qué? La exposición de Moraza se legitima en base a las colaboraciones de muchas personas, de muchos artistas. Incluido el mismo. Y el déficit de legitimidad del Guggemheim -huelga decir que desde su apertura hay sectores del sistema del arte que se han mostrado críticos con esa infraestructura- lo cubre Moraza. Es un tanto paradójico…
80. Ricardo | 24 Agosto, 2007 a las 11:09 am
Un dato sobre el acceso a la información, el código abierto o cerrado, la mercantilización de lo común o a quien pertenece “Incógnitas”.
El folleto que se ha elaborado sobre “Incógnitas”, que incluye varios de los mapas y esquemas presentes en la exposición, no es un elemento informativo gratuito que se ponga a disposición del visitante como complemento (que por ejemplo facilite una aproximación más reposada a los contenidos), sino un elemento de merchandising que se adquiere en la tienda del museo.
81. Ricardo | 24 Agosto, 2007 a las 11:23 am
Un dato sobre la curiosa politica de comunicación del Guggenhein respecto a Incógnitas.
Durante la Aste Nagusia, el Guggenhein acostumbra a organizar unas veladas nocturnas en las que entre otras cosas se incluye la visita a las exposiciones. En los anuncios de radio se citan las exposiciones de Kiefer y Durero, pero por un motivo que desconozco, no se cita Incógnitas.
Una ausencia de cita que me parece inquietante, porque esta especie de “ocultamiento informativo” por parte de la propia institución promotora de la exposición, no se ha dado sólo en el caso de este anuncio radiofónico, sino que se ha reproducido de distintas maneras en las estrategias de comunicación del Museo, que por ejemplo (y espero no equivocarme, porque no es algo de lo que estoy completamente seguro), más allá de la primera rueda de prensa, no ha mandado el cd habitual con material para prensa, ni ha realizado la labor de relaciones públicas que hace habitualmentge con otras muestras, en las que invita a profesionales de la crítica a visitar el Museo para que puedan hablar sobre cada exposición.
82. Iñaki Larrimbe | 24 Agosto, 2007 a las 1:25 pm
Dos apuntes rápidos: sería interesante hacer un resumen de este debate. Consensuar un texto. Se han abordado cuestiones interesantes. Por otra parte se podría lanzar una demanda a los medios de comunicación. Firmada por este foro. Que habiliten espacios dedicados a la crítica de arte en suplementos, revistas, diarios. Yo lo he hecho por mi cuenta en Vitoria. Pero debería de ser una petición con un apoyo más amplio. Es una manera de empezar a actuar.
83. Iñaki Larrimbe | 25 Agosto, 2007 a las 8:45 am
Ayer, en el Diario de Noticias de Álava. Mi columna de crítica cultural. Siempre divulgativa.
“De un tiempo a esta parte, noto que el expresar opiniones o juicios críticos, es un ejercicio en vías de extinción. En muchos casos, cuando se da, es simplemente a modo de chisme o chascarrillo malicioso. Tampoco existen espacios específicos de referencia que den soporte al juego de la crítica; todo se ha atomizado en el personalismo del blog o se ha difuminado hasta confundir la crítica con la mera descripción razonada”, escribía el otro día Ricardo Amasté en el sustancial blogwww.politikak.org . Blog de crítica cultural coordinado por el dúo vitoriano Fundación Rodríguez, pareja de artistas que lleva años realizando, disponiendo, llevando a cabo, actividades relacionadas con la cultura. Desde una óptica activista. Y estos días en dicho blog se ha originado un fértil debate abonado por artistas y críticos entorno a la exposición Incógnitas . Una exposición que puede visitarse en el Guggenheim, y que quiere reflejar lo que es, y ha sido, el arte contemporáneo realizado en Euskadi en las últimas décadas. En ese mismo blog una persona opinaba desenfadadamente: “Una peli es mala o es buena. Hala, ya está. Como mucho, ponemos un baremo de una a cinco estrellas y a mamar. Ya puestos, molaría tratar así a todos los medios, incluido el arte:
-¿Qué te ha parecido la Tate Modern?
-No vayas, es bastante mala.-¿Y la Welcome collection?
-Tienes que ir, es muy buena”.
El comentario, aunque puede parecer frívolo, esconde una gran verdad: en estos últimos años el ciudadano puede visitar más exposiciones que nunca, pero, por el contrario, en nuestros diarios éstas no se critican. Y en un par de años, a lo sumo, se inaugurará en nuestra ciudad el nuevo centro cultural Krea. Cada vez se invierte más dinero de los contribuyentes en producir exposiciones. Pero no hay espacios dedicados a valorarlas. Esa es la realidad. Son los propios periodistas los que asumen la labor de noticiar tal o cual exposición. Pero se echa en falta una visión más profunda. No entiendo como en los diarios de nuestra ciudad podemos leer artículos escritos por expertos relacionados con el cine, la literatura, incluso el cómic, y sobre arte… nada de nada. Cuando ahora mismo en nuestra ciudad “en cartelera” hay más exposiciones que podemos visitar que películas que ver.
Desde este pequeño espacio de crítica cultural hago un llamamiento a los directores de los periódicos que tienen sede en nuestra ciudad para que habiliten espacios de crítica en sus páginas. Artium, Montehermoso, y en breve, Krea, se financian con cientos de miles de euros. La mayoría de dinero público. Es necesario, por lo tanto, que se valoren con rigor las exposiciones producidas. Sobre todo porque vemos cómo las instituciones se sirven de la prensa para hacerse visibles, para conseguir público. Otro gallo cantaría si las muestras fueran justipreciadas por expertos. Como sucede con el cine. Porque yo, ahora mismo, pondría sólo una estrella a varias exposiciones que he visto estos días
84. Ramón Churruca aka Negruri | 26 Agosto, 2007 a las 12:44 pm
Estimados Iñaki, Ricardo y demás, me gustaría disculparme por el tono agresivo patético (”malas formas”) de mi intervención..al leerlo de nuevo me ha dado pena volver a meterme en nominaciones y descalificaciones en vez de hacer cosas más productivas…reconozco que ese día me encontré con alguien a quien aprecio mucho que me comentó (un comentario, un chascarrillo) que había determinados miembros del status quo artístico vasco que estaban indignados de que sus nombres aparecieran junto a “los nuestros” por no haber hecho “nosotros” nada reconocido ni digno de atención histórica y/o mediática…al cabo de un rato algo que era digno de celebración por mi parte se transformó en rojo sangre y volví a caer en adiccciones del pasado relacionadas con el discurso victimista acusatorio revolcándome en la mierda mental rayante fascista al estar en posesión de un micrófono en cualquier performance ó en este caso poder esplayarme a gusto/disgusto en un blog buscando algun tipo de reacción ó pelea…”El afán de reconocimiento te llevará a la desesperación” me dijo un guru en Burgos…”Nunca te expliques, nunca te disculpes”…bueno en este triste caso para mí sobre todo necesitaba explicarme y disculparme…lo siento de veras y espero traer más energía creativa a este mundo en vez de perderme en reiteraciones destructivas que no llevan a ninguna parte…yo admiro a muchos artistas a los que dije tener asco…quizas el hartazgo sea con la fácil negatividad…un saludo y gracias por seguir con vuestra política cultural constructiva.
85. Iñaki Larrimbe | 26 Agosto, 2007 a las 4:00 pm
Ramón:
Gracias por las disculpas… pero no hay motivo para pedirlas. A mí nada de lo que has dicho me ha ofendido. Los arrebatos son entendibles. Y sanos. Eso es que corre sangre por tus venas. Y no horchata.
Un abrazo,
Iñaki Larrimbe
86. Ricardo | 27 Agosto, 2007 a las 10:49 am
Iñaki.
Propones dos tareas casi titánicas, realizar un resumen de lo que se ha dicho en este foro y otra, que se me antoja mucho más compleja aun, realizar un txt que pueda ser consensuado por este foro.
Es cierto que el acercamiento al foro actualmente se hace muy pesado. Para alguien que llegue de nuevas, sólo el leerlo, puede suponerle un buen pedazo de su tiempo.
Trataré de hacer un resumen lo más breve posible que pueda introducirse como un nuevos post.
Lo del txt consensuado y el reclamar espacios en los medios oficiales para “voces expertas” lo tengo menos claro. Preferiría apostar por la articulación y el fortalecimiento de un espacio independiente de voces abiertas (como puede ser este), que si tiene que generar sinergias o espacios de visibilidad en otros medios, lo haga de un modo natural.
87. Ricardo | 27 Agosto, 2007 a las 10:55 am
Ramón, creo que somos resultado de nuestras contradicciones y de nuestra capacidad de convivir con ellas de un modo constructivo y creativo. Sino, es que probablemente no se está suficientemente vivo/a.
Un gran abrazo.
88. Iñaki Larrimbe | 27 Agosto, 2007 a las 12:42 pm
Ricardo,
Soy consciente de lo que planteo. Ni te cuento los años que llevo planteando asuntos similares… En ese aspecto es natural en mí decirlo. De la misma que es natural en mí pedir a los museos de arte contemporáneo que sean “contemporáneos” en su gestión. Pero, una vez más, creo que alguien tiene que decir que es imprescindible pasar de lo abstracto a lo concreto. Para que algo cambie en el escenario. Si no todo se queda, una vez más, en contarnos de diversas maneras cosas que todos sabemos. En disfrutar con la voluptuosidad del intercambio del opiniones. Bonitos conceptos, bello uso de las terminologías, buena elocuencia, espléndida labia. Lo cual no está mal como ejercicio intelectual.
Quizá la próxima exposición del ciclo abierto por Moraza en el Guggenheim sobre arte vasco la comisaríe alguien de este foro. Y quizá la próxima exposición en el Guggenheim la comisaríe el que demuestre ser más crítico con la exposición de Moraza. Siempre con el apoyo de bonitos conceptos, bello uso de las terminologías, buena elocuencia…
Nos veremos en la próxima “sinergia”.
Tengo un día irónico hoy…
89. Marta Catarain | 27 Agosto, 2007 a las 6:07 pm
Sigo con interés vuestro debate, estoy en Holanda, lejos de nuestra Euskadi. Me sorprende que ninguno de vosotros hable, piense en alto sobre nuestra identidad, identidad que el arte global no puede borrar. Estuve en el guggen en julio y los mapas de Moraza me parecen una patraña desterritorializada, despatriada, desideologizada (hacia la derecha). Así no se crean discursos reinsertables en la esfera pública, así solamente se le hace el juego a los criminales judíos que mandan en el Guggenheim y matan en Irak. Como resultado un absoluto olvido de la actual etapa de represión que vive nuestro pueblo a manos de españoles y franceses a propósito de una pretendida “cartografía” del arte vasco actual. Poneros las pilas, poneros en la carne de nuestros hermanos presos y torturados en las cárceles de los invasores y después poneros delante de los mapas y las cartografías. Oteiza ya los habría borrado, estamos huérfanos de pensadores/artistas como él y de esa horfandad nacen vuestros espeluznantes olvidos.
Marta
90. Ricardo | 28 Agosto, 2007 a las 9:54 am
Iñaki.
No pongo en duda la naturalidad y legitimidad de tu experiencia, todo lo contrario, pero considero que tu experiencia (y me refiero de un modo específico a tu columna), por propia, no tiene por qué ser extrapolable al resto de los medios y si lo es, no tiene por que serlo de un modo acertado y/o conveniente. Así, la cuestión se reduce a la opinión de expertos supuestamente legitimados para hacer una labor crítica, dentro de unos medios, en general tan pre-modernos y perversos como los museos que criticas.
Por eso prefiero apostar por espacios abiertos, como este, probablemente con mayor acceso y posibilidad de participar para quien quiera hacerlo.
Eso no significa que no esté de acuerdo contigo en que hay que hacer “algo”. Por eso, te animo a que escribas ese texto, se consensúe entre quienes sean(mos) partidarios de hacerlo y se remita a quien haya que remitirlo.
91. gg | 28 Agosto, 2007 a las 12:05 pm
Dices que echas de menos la opinión y la crítica, pero eres el que peor admite una crítica. Vas de abierto y participativo, pero machacas todo lo que no te sople a favor. Vas de preocupado por el arte, pero sólo te interesa ocupar un puesto de poder. Eres un politiquillo que no para de hablar, con un afán enfermizo de figurar en todas partes y a todas horas. Defiendes una exposición que retrata sólo a algunos de los que están dentro del marco institucional: arteleku, etc. Igual que los Salones oficiales. Están ocurriendo otras cosas fuera de vuestra burbujita subvencionada, pero no os interesa hablar de ellas. O tal vez no os habéis enterado de que existen, porque sólo teneis tiempo para miraros el ombligo y no tenéis tiempo para buscar otras cosas, o no os interesa por si os quitan algún cachito del pastel. Esa exposición la ha hecho un señor que vive en Galicia y se nota que muchas cosas las cuenta de oídas. Así que el rigor no supera el de una tertuliana de Salsa Rosa. Vas de destroyer y eres un lamecls. Eres el cáncer del Arte.
92. fausto | 28 Agosto, 2007 a las 12:09 pm
hola hilario
hace una semana he vuelto de vacaciones
estuvimos en la documenta en alemaña
y en italia
te agradezco por haberme infirmado sobre el debate
en marcha con motivo de la expo incognitas
y realmente es una incognita
porque
no obstante el esfuerzo de moraza
es imposible hacer algo decente en tres meses
supongo que al museo le interesaba hacer algo
algo a su manera
digamos omogeneizado
pasteurizado
esterilizado
algo comestible
pero que no aporta nada
poco o lo que quieren
es que aunque hay quien cree que no
estas institiciones
y este museo en partricular
tiene una politica
y muy clara
lo de la critica
que ha sido un poco el movente
del debate
aunque el desencadenante ha sido incognitas
no hacia falta esperar tanto
para darse cuenta
y de alguna manera
hacerlo manifesto
esto es el sistema del arte
es evidente que por aqui
no hay una comunidad de artistas
hay artistas
y la mayoria se empeña en satisfacer el ego
y a veces o muchas veces utilizando los codos
no es un problema que se circunscrive al arte
aunque esto no nos absuelve de nuestras responsabilidades
pero si creo que es un mal de la sociedad en que vivimos
y alli estria tambien nuestra labor
no hay libertad
empezando por la libertad de espresion
y tu lo sabes
recordaras en alcudia
prendete e mangiate questa e la mia pasta
esa pasta como sabes se vendio durante tres meses
en una tienda de souvenires
venia en paquetes con la etiqueta
cuestion de pasta
era la pasta bilbao
pues bueno
quien hacen critica de arte
se enteraron
les parecio divertido
interesante
interligente
pero nadie se atrevio a escribir nada al respecto
quizas porque no estaba espuesta en una galeria de arte
sino en una tienda de souvenires
pero la labor de quien hace critica de arte
es tambien reconocer el arte alli donde se produce
los unicos que escrivieron fueron
los abogados de la entidad museistica
comminandome en persistir en su produccion
efectivamente me dieron razon
cuestion de pasta
bueno
esto es historia
pero siguen habiendo historias parecidas
lo que me parece interesante es el tema de la autoria
en esto habria que profundizar
gracias hilario por haberme avisado
haberme leido
y gracias tambien a los participantes al debate
un abrazo
fausto
93. hh | 28 Agosto, 2007 a las 12:26 pm
Defiendes a Peio Agirre, que tiene la credibilidad de una marioneta al servicio de los que primero se reían de él, pero los aramberri, eizagirres, mendizabales, etc le buscaron la utilidad del tonto útil al servicio de los iluminados del arte asco, tan democrático como los de herri batasuna, todo el día hablando de democrazia, pero sólo si dices lo que yo quiero. Así cómo quieres que la gente opine y critique en voz alta y a cara descubierta, si sois los mafiosos que estais y estareis en jurados y los que decís a arteleku, montehermoso, etc lo que tienen que hacer (apoyaros sólo a vosotros). Eres tan listo, que los demás somos muy tontos y necesitamos que nos expliques las cosas y que nos salves.
94. Isabel de Naverán | 28 Agosto, 2007 a las 1:07 pm
Efectivamente, en estos momentos leer (de seguido) de este foro resulta cuando menos, perturbador… Sin embargo, creo que se han abierto varias posibilidades y apoyo la propuesta de Ricardo (o de Iñaki si se anima con ese texto) de abrir un nuevo apartado. Uno o varios.
Bueno, por si sirve de algo, señalo de una manera un poco simple los puntos que más me han interesado:
-Espacios para la crítica: cómo y sobre qué se escribe (o no se escribe).
-La necesidad o no de legitimación por parte de las instituciones
-El concepto de autoría en la exposición Incógnitas
95. Iñaki Larrimbe | 28 Agosto, 2007 a las 2:26 pm
Leer este foro -coincido contigo Isabel- es perturbador. Porque en parte es como tener delante una radiografía del entramado del arte nuestro. Incluso esas aportaciones últimas y anónimas tan… cuan menos poco educadas, forman parte de ese entramado. Son una foto del estado de nuestro entorno. Aunque para mí todas las opiniones son respetables siempre que se firmen. Lo he dicho en mil foros. Me niego a contestar a un anónimo que lanza piedras.
Ricardo: es obvio que hay que actuar. Yo entiendo los foros como espacios de intercambio de opiniones, sí, pero con una finalidad. Un foro no es un fin sino un medio. De la misma forma que la crítica debe de ser un medio, no un fin. “Sinergia es la integración de elementos que da como resultado algo más grande que la simple suma de éstos, es decir, cuando dos o más elementos se unen sinérgicamente crean un resultado que aprovecha y maximiza las cualidades de cada uno de los elementos”. Estupendo crear sinergias, por lo tanto.
Los tres puntos, Isabel, que señalas ordenan lo dicho en este foro. Pueden servirnos de plantilla para abordar ese texto. Intentaré elaborar un borrador. Lo que no sé muy bien es en qué momento lo tendré. Pero me comprometo a tener algo de aquí a dos semanas.
96. fausto grossi | 28 Agosto, 2007 a las 5:54 pm
para que no se me confunda con un anonimo
he añadido el apellido
hola hilario
hace una semana he vuelto de vacaciones
estuvimos en la documenta en alemaña
y en italia
te agradezco por haberme infirmado sobre el debate
en marcha con motivo de la expo incognitas
y realmente es una incognita
porque
no obstante el esfuerzo de moraza
es imposible hacer algo decente en tres meses
supongo que al museo le interesaba hacer algo
algo a su manera
digamos omogeneizado
pasteurizado
esterilizado
algo comestible
pero que no aporta nada
poco o lo que quieren
es que aunque hay quien cree que no
estas institiciones
y este museo en partricular
tiene una politica
y muy clara
lo de la critica
que ha sido un poco el movente
del debate
aunque el desencadenante ha sido incognitas
no hacia falta esperar tanto
para darse cuenta
y de alguna manera
hacerlo manifesto
esto es el sistema del arte
es evidente que por aqui
no hay una comunidad de artistas
hay artistas
y la mayoria se empeña en satisfacer el ego
y a veces o muchas veces utilizando los codos
no es un problema que se circunscrive al arte
aunque esto no nos absuelve de nuestras responsabilidades
pero si creo que es un mal de la sociedad en que vivimos
y alli estria tambien nuestra labor
no hay libertad
empezando por la libertad de espresion
y tu lo sabes
recordaras en alcudia
prendete e mangiate questa e la mia pasta
esa pasta como sabes se vendio durante tres meses
en una tienda de souvenires
venia en paquetes con la etiqueta
cuestion de pasta
era la pasta bilbao
pues bueno
quien hacen critica de arte
se enteraron
les parecio divertido
interesante
interligente
pero nadie se atrevio a escribir nada al respecto
quizas porque no estaba espuesta en una galeria de arte
sino en una tienda de souvenires
pero la labor de quien hace critica de arte
es tambien reconocer el arte alli donde se produce
los unicos que escrivieron fueron
los abogados de la entidad museistica
comminandome en persistir en su produccion
efectivamente me dieron razon
cuestion de pasta
bueno
esto es historia
pero siguen habiendo historias parecidas
lo que me parece interesante es el tema de la autoria
en esto habria que profundizar
gracias hilario por haberme avisado
haberme leido
y gracias tambien a los participantes al debate
un abrazo
fausto
97. Iñaki Larrimbe | 29 Agosto, 2007 a las 9:16 am
Fausto:
Muchos conocemos tu obra. Aquí, en Vitoria, la presentaste en Zuloa. Yo comí esa pasta tuya en mi propia casa… Y si alguien, algún día, escribe una historia, una historia no oficial, del arte vasco contemporáneo, sería de rigor nombrar esa obra tuya. Y la de muchos otros. Ese sería un trabajo interesante. Quizá la historia debería de escribirse por consenso. Que la legitimación surja como obra colectiva, en vez de individual.
Pero creo que todos tenemos que dejar de mirarnos nuestro bello ombligo. Yo, por ejemplo, en el 95 realicé mi busto en caramelo de fresa. En el 96 junto con Esteban Torres creé un perfume de gasolina. Y la verdad es que nos lo pasamos bien. Fuimos poco efectivos, eso sí. Pero… ningún lamento. Y podría enumeras cientos de obras de artistas cercanos espléndidas. El arte es algo inevitable. Se hace porque debe hacerse. Y creo que las reivindicaciones deben de realizarse siempre desde el colectivo. ¿Crear una historia paralela del arte vasco? ¿La no oficial? Adelante, Fausto. Es una buena tarea. Pero que no se convierta en una historiografía de agravios. También los críticos pueden quejarse de que tal o cual artículo nunca fué publicado. O de que cuál o tal artículo no obtuvo el eco que se merecía. Y los galeristas pueden lamentarse de que tal exposición no fue exitosa en ventas. Y las instituciones también tendrán su lista de agravios. Etcétera. Dejémonos de envidias, agravios, ambiciones. El sistema del arte en este país se sostiene malamente. Y el antisistema no existe. Creo que es legítimo reclamar a las instituciones una mayor sensibilidad hacia lo que se produce en nuestro entorno. Lo local, es este mundo globalizado, en el que todas las miradas son uniformes, planas, simples, es hoy en día más necesario que nunca. Eso es lo que hay que reclamar.
98. Ricardo | 29 Agosto, 2007 a las 9:42 am
Marta (post 88).
Entiendo lo que dices, aunque no puedo compartir tu enfoque.
Está claro que lo identitario es uno de los asuntos clave de la sociedad actual, que además del conflicto socio-político que vivimos en Euskadi y más que con patrias o territorios, sobre todo tiene que ver con como definir posibilidades de convivencia interculturales, con identidades inclusivas y en continuo transito. Como ya he dicho en este foro (post 11), algo en lo que podríamos avanzar trabajando más en torno a nuestras “dependencias”, que en base a la nostálgica idea de “independencia”.
Quizá eso sea algo en lo que el arte puede contribuir, asumiendo un compromiso mayor que el que generalmente tiene en la actualidad. Habría que preguntarse, si los artistas quieren(queremos) y/o están(mos) preparados para asumir ese roll y con que otros estamentos sociales deberían compartir esta responsabilidad.
Por otra parte, creo que estaría bien dejar de una vez de proyectar en Oteiza algunos de nuestros deseos de acción (instrumentalizándolo más y más desde casi todas las posiciones posibles) y asumirlos personalmente. Y si tienes razón, convivimos con espeluznantes olvidos, DEMASIADOS.
99. Ricardo | 29 Agosto, 2007 a las 9:52 am
En relación a mi posición con respecto al arte, hace unos meses, un amigo me llamó engendro, ahora tu (quien seas), desde una posición completamente diferente a la suya me llamas cancer. Algo paradógico que me alimenta y me anima a seguir adelante.
100. Marta catarain | 30 Agosto, 2007 a las 3:31 pm
Gracias Ricardo po contestar.
A lo mejor entre todos estamos sobrevalorando el valor emblemátco de Oteiza pero a pesar de todo va seguir siendo nuestro referente, no veo otra entidad de sustitución. Después del revisionismo que de él sigue haciendo Txomin Badiola o la bastarda recuperación de su obra en Documenta de Kassel, algo tendrían que decir los teóricos y críticos que viven y trabajan en Euskadi. ¿Qué hace Peio Aguirre que no aparece en este foro? ¿Sigue por Lyon haciéndoles el juego a los transnacionales o le da miedo que le pregunten?
Respecto a la propuesta de Isabel de Naverán.
-Espacios para la crítica: cómo y sobre qué se escribe (o no se escribe).
-La necesidad o no de legitimación por parte de las instituciones
-El concepto de autoría en la exposición Incógnitas
me permito algún que otro comentario:
1. Espacios para la crítica: desde dónde, sobre qué territorio geográfico, mental, ideológico y cultural se escribe.
2. ¿Legitimación por parte de qué instituciones? ¿a quién y de qué manera representan esas instituciones?…
3. El concepto de “autoría” es un lugar de nadie que carece de sentido vectorial en las sociedades del conocimiento por tanto, lo mejor se obviarlo.
Pero hay cosas que sigo sin ver aparecer por aquí como puede ser lo que, siguiendo la estela marcada por Gabriel Billota en Gara, se refieren a la dependencia orgánica y administrativa de arte y la cultura de Euskadi respecto al estado español. ¿Para cuando un boicot al pabellón de españa en Venecia? ¿Para cuándo, de una vez por todas, mirar a lo que sucede en Laburdi y Zuberoa?
Lamentablemente Moraza y los suyos parten de las premisas que Franco intentó imponer en Euskal Herria.
Insisto en seguir a lo apuntado por Gabriel Billota (mis felicitaciones por sus sucesivas entregas en Gara): se necesita una bienal de Euskadi que regularmente ponga a disposición de los ciudadanos el esatdo actual de la cración de sus artistas pero, cuidado, esa bienal nunca deberóa ser hecah en el Guggenheim, una institución invasora y corrupta, sino en la red de espacios y centros, tanto públicos como privados, que, tanto físicamente como en red, conformarían lo que debiera ser un arte abierto al planeta global pensado, realizado, gestionado y difundido desde un territorio que pese a quien pese tiene memoria y entidad propias.
Marta
101. Iñaki Larrimbe | 30 Agosto, 2007 a las 3:36 pm
A mí un comentario que siempre me sorprendidó de Oteiza, en relación a los GAL, era uno que, más o menos decía: “Qué pena que el GAL no surgiera de la propia Euskadi” Esas palabras, en ciertos sectores independentistas, sentaron muy muy mal.
102. Ptqk | 31 Agosto, 2007 a las 11:02 am
Hola Marta Catarain.
No entiendo lo que quieres decir con:
“El concepto de “autoría” es un lugar de nadie que carece de sentido vectorial en las sociedades del conocimiento por tanto, lo mejor se obviarlo.” (post 99).
¿Podrías aclararlo?
103. Ptqk | 31 Agosto, 2007 a las 11:12 am
Y otro dato en relación a la política de comunicación -que también es Política y mucho- del Guggenheim en relación a Incógnitas (post 80):
En la versión en inglés del programa de exposiciones el nombre de Incógnitas es “UNKNOWN”.
Supongo que el turista que lo lee entiende que es una cartografía de artistas vascos desconocidos (como Oteiza, por ejemplo). Tiene gracia, no?
****
También empieza a echarse en falta la participación del comisario en este foro. Entiendo que, incluso con la mejor voluntad, no es fácil responder a semejante avalancha. Pero algún tipo de reacción sería deseable.
104. fausto | 31 Agosto, 2007 a las 12:35 pm
hola iñaki
siento mucho
que mi mala forma de escribir
haya producido malos entendidos
aquí estoy para aclarar
perdona si no he podido hacerlo antes
la mia no queria ser una queja
con las quejas nunca se ha cambiado nada
para eso es necesaria la accion
accion encarnada
como diria
francisco varela
si he comentado lo de cuestion de pasta
es porque me gusta
hablar de experiencias que conozco
en cuanto a lo oficial y lo no oficial
creo que cada uno actuamos
o intentamos actuar como sentimos
el resto es pura apariencia
un abrazo
fausto
105. Ricardo | 31 Agosto, 2007 a las 12:39 pm
Hola a todos/as.
Con ánimo de hacer esta discusión más accesible (104 post de las dimensiones que tienen algunos, puede resultar disuasorio para alguien recién llegado), os emplazo a continuar la conversación en torno al nuevo post “El Código Incógnitas” que se ha colgado hoy y que trata de ser un resumen parcial -compuesto por fragmentos entrelazados de los comentarios realizados-, sobre una de las cuestiones que está teniendo más relevancia, como es el carácter abierto y colaborativo del proyecto y sus posibilidades de intervención y continuación (espero, al haber reutilizado los comentarios, no haber tergiversado en exceso el espíritu original que fueron hechos). Al mismo tiempo, he enviado un mail con estas cuestiones tanto a Juan Luis Moraza, como a Petra Joos, como comisario-autor y directora de actividades museísticas del Guggenheim respectivamente y les he remitido a este foro.
También se mantiene el debate hacia otros temas, para no olvidarnos de otras cuestiones como: lo identitario, la legitimación que dan las instituciones, los espacios para la crítica, la necesidad de que los/as propios/as artistas se organicen de algún modo, el generar nuevas estructuras y posibilidades, etc.
Un saludo y gracias por mantener vivo el debate.
106. Galder Reguera | 31 Agosto, 2007 a las 1:38 pm
No sé qué posible debate sobre la identidad se puede plantear con alguien que habla de “los criminales judíos”. De verdad, Marta, hacía tiempo que no leía mayor sarta de bobadas en tan poco espacio. Igual no es casual que tu comentario sea el número 88, de tanta significación para algunos.
107. Tyrexito | 1 Septiembre, 2007 a las 1:57 pm
La verdadera radiografía de la producción artística vasca me parece este hilo de comentarios que oscila entre sinceros propósitos, brasas muy gordas y delirios de flipar. Cualquier persona que entre aquí ajena a las obras huirá.
108. Marta Catarain | 2 Septiembre, 2007 a las 6:51 pm
bobadas eh? quién está detrás del Guggenheim sino los sionistas? Galder a ver si te vas enterando.
Marta
109. sacher | 2 Septiembre, 2007 a las 9:40 pm
ART MATCH FREI
110. gabriel villots toyos | 4 Septiembre, 2007 a las 9:26 am
En fin, ante las entusiastas palabras de Marta a propósito de mis columnas, sólo me queda proponer, como se hizo en una ponencia de la izquierda abertzale en su momento, no sólo que haya bienales de arte en Euskal Herria, sino que estas bienales se hagan todos los años!
111. mmmmmmm | 5 Septiembre, 2007 a las 11:14 pm
bisiestos
112. marta catarain | 11 Septiembre, 2007 a las 1:42 pm
Me parece que Gabriel va con sorna conmigo, allá tú.
Mira soy historiadora de arte, trabajo en Rotterdam de camarera sin parar, sigo estudiando y daría algo por poder tener vuestra comodidad en mi país: soy de las de la diáspora. Pero la posibilidad de regresar a Iruña o Madrid me pone mal. Creo que he caído en una polémica de la cual me excluyes, sin argumentos, con bromas. Pues me parece bien, una bienal de Euskadi cada año bisiesto es decir una semibienal cada dos años. Y los mapas para las carreteras.
A ver si nos dejamos de hostias y alguien dice algo de lo del domingo en Donosti. ¿eso era arte?
Marta
113. JORGE | 12 Septiembre, 2007 a las 8:41 am
El debate entero me resulta un tanto inocuo. ¿de verdad os preocupa tanto el guggemheim y sus exposiciones? el arte vasco va mucho más allá de los nombres que aparecen en esa expo y en este blog. Todos los de aquí tambien perteneceis a otra “selección” de artistas, en un mundo tan cerrado como la expo de moraza y que excluye a muchas artistas vascas, desconocidas para vosotras. El problema fundamental es el apetito que algunos muestran para zampar espacios de atención en vez de lmitarse a trabjar en su entorno limitado.
114. JORGE | 12 Septiembre, 2007 a las 8:45 am
Y otra pregunta ¿porque respondisteis al cuestionario de moraza sabiendo que era para lo que era? ¿porque no hacéis un post en este u otro blog o hacéis una web y subís todos los formularios en bruto y dejáis abierta la posibilidad a que otras artistas vascas desconocidas lo respondan sin la necesidad de tener que ser para el gugenheim?
115. MEDIAZ | 12 Septiembre, 2007 a las 12:42 pm
¡Toc Toc!
con permisoooo…
¿Hay alguien ahí?
¡No!
¡No os asustéis!
-je, je, je-
¡No he resucitado!
(quizá porque nunca estuve del todo ni viva ni muerta…)
lo que pasa es que el olvido hasta en las incógnitas
hace que mis huesos repiqueteen tristones
No sé, a estas alturas,
¿alguien se acuerda de mi?
(P.S.: ¡Anda, que tiene tela!)
116. Ricardo | 13 Septiembre, 2007 a las 3:13 pm
Es cierto que los mapas y las listas generalmente sólo reflejan la parte más generalista y legitimada de toda la realidad. El otro día, con alguien que no sale en el mapa de Incógnitas, hablábamos sobre el interés de no estar, de no ser rastreado por el radar.
También es cierto que el Guggenheim podría haber abierto la posibilidad a que los cuestionarios se siguiesen rellenando, al menos durante el periodo que va a estar funcionando la exposición, como un work in progress a través del que completar y corregir el trabajo realizado, antes de que pase a imprimirse en el catálogo que se está preparando.
117. gabriel villota toyos | 15 Septiembre, 2007 a las 10:20 pm
Lamento el sarcasmo, Marta, no ha sido elegante por mi parte: mis disculpas por ello. Solo me queda en todo caso añadir que no considero que el arte sea en absoluto cuestión nacional, ni española, ni francesa, ni vasca.
118. Marta Catarain | 17 Septiembre, 2007 a las 2:07 pm
A ver Gabriel, es como si yo sería turulata. El arte no es cuestión nacional, española, francesa o vasca. Entonces la exposición Incógnitas de qué trata: de arte murciano, de arte alemán o de arte del Peloponeso? Ricardo, con la sensatez que rezuman tus post, respóndeme, creo que los mapas de Moraza (tanto cuesta mandarle un email y que responda a los múltiples requerimientos que se le hacen desde aquí) se refieren al arte en Euskadi, no? No sé cómo tomarme lo de tuyo, Gabrie, si escribirías en el Correo podría entenderlo pero siendo del Gara me mosqueas.
Y otra cosa, los asuntos de la autoría y los derechos de autor, pero de qué vamos? tanta letra para darles imagen a los más ladrones, la SGAE.
Martal
119. Ricardo | 17 Septiembre, 2007 a las 4:04 pm
Hola Marta.
Pese a que ideológicamente con lo que respecta a lo identitario creo que tenemos una posición completamente encontrada, si creo que los artistas y otros agentes culturales estamos mal acostumbrados a pasar de puntillas sobre ciertos aspectos socio-político-culturales. No terminamos de responsabilizarnos de ciertos roles que quizá debemos asumir o por lo menos, s no vamos a hacerlo, debemos de dejar de instrumentalizar esos ámbitos (ya vale de jugar retóricamente).
Es cierto que Incógnitas presenta un mapa autonomista centrado en las tres provincias (un mapa por tanto “español”), como si eso no significase ya algo. Es cierto que se presenta a modo de foto panorámica, pero hecha con una cámara de “poca resolución”, que tiene como resultado una imagen poco matizada. Es cierto que es una cartografía hegemónica hecha desde un espacio hegemónico.
Pero también es cierto por ejemplo, que cuando a veces escribo en el Mugalari, el “rodillo editorial” hace que mis textos hagan referencia a Euskal Herria, del mismo modo que el “rodillo” de El País impone por ejemplo Vizcaya, impidiendo en ambos casos que sea el ciudadano el que elija sus propios gentilicios.
También es cierto que el nacionalismo (en sus distintas formas) trata de instrumentalizar lo cultural (y los movimientos sociales) con fines partidistas y propagandísticos.
Vamos, lo que quiero decir, es que o dejamos de ser tan inocentes, tan cínicos (cuando nos conviene) o estamos jodidos/as.
Lo que no se es si estamos preparados/as.
Marta, como estrategia para que esta cuestión no se enquiste y no te sientas estigmatizada, te invito a que te sumes a la discusión del nuevo post, porque en los últimos días se ha incorporado una persona nueva que creo está aportando nuevos e interesantes matices al debate, donde cuestiones como por las que tu muestras interés pueden verse reflejadas, aunque sea de un modo transversal o menos “figurativo” a como tu lo haces en ocasiones (asesino/torturador, izquierda/derecha, buenos/malos, imaz/egibar…). Es cierto que el relativismo puede utilizarse para justificar lo injustificable, pero lo mismo pasa con las posturas dogmáticas.
Bueno, no se si me he ido mucho por las ramas…
120. asd | 3 Abril, 2008 a las 12:23 pm
coño y para leerse todo este mamotreto??? que hay del streaming pos’
121. OTTO | 25 Agosto, 2008 a las 11:48 pm
HOLA SOY OTTO Y NO ME INTERESA NADA DE ESTO